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El Panax ginseng, “la planta que lo cura todo”

El ginseng es una planta pequeña, perenne y herbácea que brota cada primavera, con hojas palmeadas de punta redonda, flores blancas y frutos en forma de bayas rojas.

El origen del ginseng se remonta más de 5.000 años atrás, en el continente asiático, donde nace de forma espontánea en zonas montañosas. Su nombre en chino: «Gin-shin-jen», significa: «La raíz del hombre”.

En el año 1600, los navegantes holandeses introdujeron las raíces de ginseng en Europa, donde la conocemos con el nombre de Panax ginseng o ‘planta que lo cura todo’.

A causa del alto riesgo de ir a las montañas en busca de ginseng salvaje y ante la creciente demanda mundial, Japón empieza a cultivarlo en el año 1710, Corea en 1760 y China en el 1900, convirtiéndola en la planta medicinal de Extremo Oriente más utilizada en la actualidad.

Ginseng, es el nombre genérico que reciben muchas plantas del género Panax o Panacea. Su parte más valiosa es la raíz, donde residen sus propiedades medicinales y sus principios activos (los ginsenósidos o saponósidos), y también posee vitamina B, minerales, enzimas y aceites esenciales.

 

Propiedades medicinales del Ginseng

 

La raíz del Panax ginseng está considerada, legalmente, como medicamento. La OMS precisa: ‘es un agente preventivo y restaurador frente a situaciones de debilidad, cansancio y agotamiento físico y mental, pérdida de concentración, así como durante la convalecencia’.

El Ginseng es una planta medicinal adaptógena, porque contiene sustancias que ayudan a nuestro sistema de defensa a resistir, adaptarse y minimizar el impacto en nuestro organismo de situaciones de estrés o sobreesfuerzo.

En períodos cortos, el ginseng mejora la resistencia al estrés, sirve como tónico y aumenta la concentración.

­En períodos largos, el ginseng mejora la recuperación de personas inmunodeprimidas o en situaciones degenerativas.

De todas sus propiedades, destacamos:

 

Sistema nervioso central

 

Favorece el crecimiento de los tejidos y de la masa muscular, reforzando nuestra energía en estados de agotamiento, sin crearnos sobreexcitación.

Su principio activo Rb1 mejora la memoria visual y reduce los efectos de la neurodegeneración, asociada a la pérdida de memoria.

 

Sistema inmunológico

 

Potencia el incremento de linfocitos, anticuerpos y actividad antiviral. Ha demostrado tener capacidades anticancerígenas, estimulando células especializadas en la detección y destrucción de bacterias y otros organismos dañinos.

 

Sistema cardiovascular

 

Reduce el consumo de oxígeno por parte del tejido muscular del corazón, agrandando el diámetro de los vasos sanguíneos y aumentando el flujo de sangre que puede pasar a través de ellos.

Su reputación como afrodisíaco podría venir de esta capacidad vasodilatadora en el cuerpo cavernoso (columnas del tejido eréctil).

 

Aparato gastrointestinal

 

Disminuye la descarga de ácido clorhídrico e incrementa la secreción de mocos, lo que contribuye a protegernos de úlceras gastroduodenales y contra el Helicobacter pylori.

 

Metabolismo

 

Actúa en la distribución de reservas de energía del organismo e induce a la hormona ACTH a que libere cortisol.

 

La sangre y los órganos hematopoyéticos

 

Dificulta la agregación plaquetaria, protege contra la degradación de los glóbulos rojos, disminuye los niveles de triglicéridos (colesterol malo) y aumenta los de HDL (colesterol bueno).

 

Antirradicalaria

 

Como receptor de radicales libres tiene capacidades depurativas, especialmente hepáticas, frente a algunos tóxicos como el alcohol.

 

Datos adicionales y contraindicaciones del Ginseng

 

Si no somos expertos en Fitoterapia o Farmacognosia, debemos ser cautos a la hora de utilizar plantas medicinales con efectos farmacológicos.

Lo más adecuado es preguntar en la farmacia por la mejor alternativa de ginseng para nuestra dolencia (tipo, formato, cantidades, frecuencia recomendada y conservación).

El ginseng se comercializa en diferentes formatos: raíz (entera, pulverizada o en trozos), cápsulas, infusiones, extractos, tabletas, cigarros, caramelos, chicles o ya incluida en otros productos de venta libre.

Antes de comprarlo, es importante que hablemos con nuestro médico o farmacéutico acerca de los medicamentos que tomamos, para evitar que interactúen provocándonos un problema de salud adicional.

En cuanto a sus contraindicaciones, no debemos consumirla si padecemos cáncer de mama, endometriosis o miomas uterinos. Tampoco si tomamos inhibidores de la monoaminooxidasa, derivados digitálicos o anticoagulantes.

No hay estudios que garanticen su seguridad en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ni en niños menores de doce años. Y, usarlo sin conocimiento, puede provocar hipertensión, insomnio, nervios, erupciones cutáneas, diarrea y hemorragias.

Trucos para prevenir el acné hormonal

 

El acné hormonal aparece en respuesta a cambios hormonales, especialmente por el aumento de andrógenos como la testosterona, que hacen que nuestra piel produzca más sebo (aceite que evita que la piel se nos seque).

Es difícil prevenir el acné hormonal con seguridad, ya que los cambios hormonales son algo natural y biológico. Pero sí podemos utilizar algunas técnicas para ayudar a suavizarlo y evitar que empeore:

Es esencial que no pellizquemos, rasguemos ni toquemos manchas, granos o espinillas, pues trasladaremos sus bacterias a otras zonas de nuestra piel, favoreciendo la aparición de cicatrices.

Lo más importante es lavarnos bien y eliminar el exceso de sebo o restos de piel muerta. Para ello, primero nos lavamos bien las manos, no vayamos a traspasar su suciedad a las zonas afectadas de nuestra piel.

La limpieza hay que hacerla dos veces al día, nunca en exceso o nuestra piel se secará y no podrá regenerarse, preferiblemente antes de acostarnos y al levantarnos. También es necesaria después de hacer ejercicio, para retirar el sudor e impurezas que secretamos al practicar deporte.

Para la rutina de higiene hay que usar agua tibia, ni fría ni caliente, y frotar la zona suavemente (sin restregar) con jabones y limpiadores suaves, no comedogénicos y que no nos obstruyan los poros.

Lo más indicado es preguntar a nuestro dermatólogo o farmacéutico cuál es el jabón más adecuado a nuestro tipo de piel, tanto para el cuerpo como para la cara, pero podemos señalar que los productos que contienen acido salicílico están recomendados para afecciones acneicas porque ayudan a eliminar células muertas y a desatascar poros obstruidos; no es recomendable usar productos antiimperfecciones.

Con la piel bien limpia, toca aplicar los productos de tratamiento e hidratación, nunca antes, evitando productos grasos, tanto en cremas hidratantes como fotoprotectores, maquillajes o cualquier otro cosmético que usemos. Tampoco es apropiado usar crema hidratante corporal en el rostro, lo mejor es preguntar al farmacéutico qué producto hidratante es el más recomendado para nuestra piel o nuestra afección cutánea.

Exfoliarnos la piel cada quince días nos ayudará a eliminar células muertas, favorecerá la regeneración celular, mejorará la oxigenación de nuestra piel y le devolverá su suavidad y luminosidad. Pero hay que aplicarlo sin presionar, usando el exfoliante adecuado a nuestro tipo de piel.

 

Consejos más allá de la higiene

 

Hacer ejercicio al aire libre y tomar dos litros de agua diarios nos ayudará a eliminar toxinas. Y nada de compartir toallas ni tratamientos cutáneos.

También hay que evitar los ambientes húmedos y aquellos que nos hagan sudar, el estrés, el tabaco y las comidas grasas o azucaradas, como: cerdo, bollería, marisco, alcohol, chocolate, frutos secos o quesos fuertes, entre otros. Si somos propensos al acné corporal, renunciemos a la ropa apretada que pueda irritarnos la piel.

La clave para prevenir, en la medida de lo posible, la aparición del acné hormonal es la constancia y la paciencia. Si adaptamos estos consejos a nuestra rutina diaria es probable que logremos suavizar sus síntomas, pero hay que aceptar el hecho de que el acné hormonal es algo natural, biológico y muy común, que tarda un mínimo de tres meses en sanar.

Cuando aparezcan las primeras señales de acné hormonal, visitemos a nuestro dermatólogo, que sea él quien nos establezca el tratamiento más adecuado para combatirlo.

Cómo tratar el acné hormonal

 

El acné hormonal surge en respuesta a cambios hormonales, especialmente por el aumento de andrógenos, como la testosterona, que provocan una mayor producción de sebo (aceite que evita que la piel se nos seque).

Se presenta en distintas formas:

  • Puntos negros, puntos blancos o pequeños granos: normalmente no están inflamados, ni causan dolor o hinchazón.
  • Quistes o pústulas: lesiones inflamadas y profundas bajo la piel, sensibles al tacto y que causan dolor, irritación y enrojecimiento.

Durante la pubertad, el acné hormonal aparece en la zona T: frente, nariz y barbilla.

En la edad adulta, el acné hormonal aparece en la zona U: cuello, parte inferior de las mejillas, y alrededor de la mandíbula y la boca.

Cuando aparece en edad adulta, los comedones o ‘poros obstruidos’ son menos abundantes, pero el acné es más severo. Las lesiones son inflamatorias y profundas, pudiendo dejar marcas y cicatrices.

 

¿Por qué aparece el acné hormonal?

 

Hay cuatro factores principales que favorecen la aparición de lesiones por acné hormonal:

  • El aumento en la producción de hormonas testosterona, que provoca un aumento del sebo y propicia una piel grasa.
  • Cuando la base de los pelos se bloquea, formando comedones o ‘poros obstruidos’ que pueden empeorar si hay infección bacteriana.
  • La sobreproducción de células en la piel que se obstruyen cuando, normalmente, saldrían a la superficie y se eliminarían.
  • Cuando el sistema inmunitario reacciona a las bacterias causando inflamaciones.

El acné hormonal puede darse a cualquier edad, y sus causas son variadas: menopausia, menstruación, embarazo, síndrome del ovario poliquístico, niveles altos de andrógenos, tabaquismo, cosméticos inadecuados, estrés, la polución o una mala alimentación, basada en alimentos con alto índice glucémico (incluyendo los carbohidratos simples).

Aunque es difícil prevenir el acné hormonal con seguridad, existen trucos sencillos a nuestro alcance para aliviar sus síntomas y evitar que empeore.

 

Tratamientos comunes para el acné hormonal

 

Existen tres tipos de acné: leve (no necesita ayuda profesional), moderado (necesita ayuda profesional, y presenta lesiones inflamadas y no inflamadas), grave (necesita ayuda profesional, y presenta lesiones inflamadas generalizadas).

El acné hormonal es resistente a los remedios convencionales y requiere un tratamiento farmacológico especializado, dirigido por un dermatólogo.

Los tratamientos más comunes para el acné hormonal trabajan desde dentro de nuestro organismo hacia afuera:

  • Anticonceptivos orales: con principios activos que apunten a las hormonas que contribuyen al acné.
  • Fármacos antiandrógenos: actúan disminuyendo los andrógenos en nuestro organismo, permitiendo que nuestros niveles hormonales se estabilicen.
  • Retinoides: se aconsejan cuando el acné es leve, y se usan en formato crema, gel o loción. Requiere usar protector solar, porque los retinoides aumentan el riesgo de padecer quemaduras solares.

También existen plantas medicinales para tratar este trastorno. Tomemos la precaución de hablar con el médico antes de tomarlas y asegurarnos de que no interactúan con ninguno de nuestros medicamentos, y pidamos información sobre la frecuencia de uso recomendada para nuestro tratamiento, entre otras preguntas que nos puedan surgir.

A la hora de comprar plantas medicinales, lo mejor es preguntar a nuestro farmacéutico acerca del formato más adecuado para nuestra dolencia y el modo más adecuado de usar la planta recomendada. Encontraremos:

  • Aceite del Árbol del Té: el aceite del Árbol de Té disminuye la inflamación y alivia los síntomas del acné leve o moderado.
  • Alfa hidroxiácidos: ayudan a eliminar el exceso de células muertas que obstruyen nuestros poros y también minimizan las cicatrices, estimulando la formación de colágeno nuevo; cuando usemos estos ácidos debemos ponernos protector solar.
  • Té verde: disminuye la inflamación, aliviando los síntomas del acné leve o moderado.
  • Albahaca: ayuda a eliminar las impurezas de nuestra piel y a reducir el sebo.
  • Clavo de olor: su eugenol actúa como antiséptico natural, ayudando a eliminar las marcas provocadas por el acné.

Introducción a la Fitoterapia

La Fitoterapia, o medicina herbal, es una medicina alternativa promovida por médicos, farmacéuticos, biólogos, antropólogos, etnobotánicos, etc.… que defiende el uso terapéutico de las plantas medicinales para prevenir o curar enfermedades y trastornos.

La OMS define a las plantas medicinales como: “plantas que, en uno o más de sus órganos, contienen sustancias que pueden ser utilizadas con fines terapéuticos”.

Cuando la Fitoterapia habla de plantas medicinales, hace referencia a aquellas cuyo cultivo y recolección se hace en tierra. Pero el mar, con toda su biodiversidad vegetal, también supone una gran fuente de plantas y algas potencialmente útiles para dichos propósitos.

La Farmacéutica se alinea con la Fitoterapia mediante la Farmacognosia, que estudia los componentes químicos de las plantas, sus órganos o sus partes, y sus propiedades farmacológicas.

Por ello, es habitual encontrar en cualquier farmacia una sección de parafarmacia con productos basados en plantas medicinales, junto a su correspondiente cuantificación precisa del extracto y el contenido estandarizado y declarado de sus principios activos.

Se trata de productos para aliviar o tratar cuestiones de salud, belleza o higiene, como: problemas digestivos, respiratorios, cardiovasculares, antiinflamatorios, hepatoprotectores, diuréticos, reguladores del colesterol, vasoprotectores, para la obesidad, para adelgazar, estrogénicos, para la ansiedad, el insomnio, antidepresivos, tranquilizantes, suplementos para mejorar las funciones cognitivas y suplementos minerales y vitamínicos, laxantes o productos emolientes, protectores y tónicos para la piel.

En formatos tan dispares como: cremas, geles, aceites esenciales, aceites puros, bálsamos, soluciones bebibles, jarabes, tés, preparados, combinados, gotas, cápsulas, en polvo e incluso a granel.

La producción, autorización, registro, distribución y dispensación de estos productos, así como la de medicamentos tradicionales basados en plantas, sí está bien regulada por la legislación alimentaria.

 

¿Cómo evoluciona la Fitoterapia?

 

El uso de plantas para prevenir o curar enfermedades y trastornos empezó en la prehistoria de manera accidental, con la ingesta de plantas tóxicas o para evitar/sanar picaduras de insectos.

Sus conocimientos pasaron a las sociedades posteriores, advertidas de las plantas que eran dañinas y aquellas que servían para curar, empezando a tomar conciencia de que la naturaleza es una fuente ingente de sustancias con propiedades curativas.

Hoy día, a pesar de que el consumo de plantas medicinales ha aumentado en todo el mundo, y es frecuente combinarlos con medicamentos convencionales, en España aún no existe una titulación oficial sobre plantas medicinales en la rama de la Sanidad y hay un escaso conocimiento de la Fitoterapia por parte de la mayoría de profesionales sanitarios titulados. Aunque sí se proporciona formación no oficial sobre terapias naturales.

 

Riesgos importantes a tener en cuenta

 

Muchas personas creen que todos los productos que emplean plantas son inofensivos cuando, en realidad, su efecto dependerá del contenido en principios activos que tenga. Principios activos que coinciden, en repetidas ocasiones, con los de la medicina convencional, que usa los mismos ingredientes primarios.

Como pasa con la medicación convencional, algunas plantas pueden provocar reacciones adversas, intoxicación, sobredosis o interacciones peligrosas para la salud.

Hay que tener en cuenta que, el consumo de plantas con fines terapéuticos es realmente un proceso de medicación y, consecuentemente, es importante que informemos a nuestro médico si hacemos uso de alguna de ellas.

Pero, de igual manera, también es necesario un control médico de todos los productos que provienen de plantas medicinales, como ya se hace con los medicamentos tradicionales.

Y, ante todo, tengamos mucha precaución al usar plantas con efectos farmacológicos activos. Antes de utilizar cualquier planta medicinal, asegurémonos de conocerla muy bien; muchas plantas pueden confundirse fácilmente y, un error, puede provocarnos problemas de salud muy graves e incluso irreversibles.

El Árbol del Té, una planta medicinal

El Árbol del Té es originario de las tierras húmedas de la costa de Nueva Gales del Sur, Australia. Es un árbol pequeño, de entre cuatro y siete metros de altura, cuyas hojas aromáticas tienen forma de aguja y sus cabezas florales sésiles son de color amarillo o púrpura.

Su aceite ha sido utilizado por los aborígenes australianos durante miles de años, obteniéndolo mediante la destilación, por cocción o al vapor, de sus hojas y ramas.

En 1920, el Dr. Arthur Penfold, químico del gobierno de Australia, estudió sus hojas e hizo públicas sus propiedades antisépticas, convirtiéndolo en un tratamiento estándar en Australia para la prevención y tratamiento de infecciones por heridas.

Actualmente, el aceite de las hojas y ramas del Árbol del Té se comercializan en el mundo entero, bien como aceite o bien incluido entre los componentes de miles de productos de belleza, higiene o salud.

Sus activos principales son alcoholes terpénicos, terpenos y óxidos terpénicos, y sus principales beneficios: antiinfecciosos, inmunoestimulantes, antinflamatorios y curativos.

 

Propiedades del aceite del Árbol del té

 

No existen evidencias de que el aceite del Árbol del Té interaccione con otros medicamentos, pero sí estudios que demuestran su sus propiedades antimicrobianas, antisépticas, antimicóticas, antibióticas, antinflamatorias, cicatrizantes y estimulantes del sistema inmunológico.

El Árbol del Té es una planta medicinal cuyos principios activos tienen múltiples propiedades. Por este motivo, es una planta curativa muy utilizada en la Fitoterapia o medicina alternativa.

 

1- Uso epidérmico

Sus principios activos penetran con facilidad en las capas externas de la epidermis, así que cuando lo utilizamos de forma tópica, el aceite de Árbol de Té es seguro y sus propiedades antimicrobianas, antimicóticas y antisépticas son muy eficaces para aliviar síntomas de dolencias, como: el pie de atleta, la psoriasis, los herpes, la varicela, la onicomicosis, los hongos en las uñas y en la piel, la candidiasis oral y vaginal, o la cistitis.

También es muy efectivo para raspaduras y pequeñas heridas, quemaduras, acné, manchas en la piel, verrugas, pruritos, granos o erupciones cutáneas. Y para limpiar impurezas en la cara, las pieles grasas, como hidratante, como regenerador cutáneo, para calmar irritaciones en la piel, para desinfectar y proteger nuestras manos, como desodorante, para picaduras de insectos y para fortalecer y acelerar el crecimiento de tu pelo, eliminando la caspa, los piojos o las liendres, y fortaleciendo el tratamiento de la dermatitis seborreica lactante (costra láctea).

 

2- Usos para el sistema respiratorio e inmunológico

Gracias a sus propiedades antibióticas, antiinflamatorias y antivirales, es un remedio natural para luchar contra infecciones y otras dificultades y patologías del sistema inmunológico, como: sinusitis, rinitis, anginas, asma, bronquitis, catarro/resfriado, tos y silbidos en el pecho, tos ferina, fiebre y gripe.

 

Qué tener en cuenta para usar el aceite del Árbol del Té

 

Hay que ser muy precavido a la hora de utilizar plantas curativas con efectos farmacológicos. Si no somos expertos en Fitoterapia o en Farmacognosialo mejor es preguntar en nuestra farmacia cuál es la mejor alternativa de aceite del Árbol del Té para nuestra dolencia, tanto en lo relativo al formato, como a las cantidades o a la frecuencia de uso más adecuada para nuestra dolencia.

El aceite del Árbol del Té se vende en botes de diferentes tamaños, como aceite esencial o como aceite puro. También puedes comprar las hojas del Árbol del Té a granel y hacer tus propias destilaciones, o bien comprar compuestos ya preparados de productos que llevan incluida la cantidad de aceite de Árbol de Té necesaria para cada propósito específico.

Aun y así, debemos saber que el aceite del Árbol del Té nunca debe ingerirse vía oral, no debe usarse en caso de eczemas, sensibilidad cutánea, niños menores de tres años, o personas embarazadas o en período de lactancia.

Usarlo sin conocimiento puede provocarnos irritación de la piel, sarpullido alérgico, picazón, escozor, ardor, descamación, enrojecimiento, sequedad, desorientación, ataxia, menor nivel de consciencia o ginecomastia en niños pequeños.

Métodos anticonceptivos con receta médica

 

Hoy en día existen múltiples métodos anticonceptivos a nuestro alcance. Algunos necesitan receta médica para poder comprarlos en nuestra farmacia de confianza y, por lo tanto, la intervención de un profesional sanitario. Es importante aprovechar la visita al médico para aclarar cualquier duda que nos surja.

Ninguno de ellos, por sí mismo, nos protege de infecciones ni enfermedades de trasmisión sexual. Sólo combinados con el condón interno o con el preservativo masculino estaremos protegidos.

Ninguno de ellos tiene porqué interrumpir nuestro momento de intimidad, podemos compaginarlos con otros métodos anticonceptivos y usarlos junto a lubricantes, tampones, copas menstruales o compresas.Y, si decidimos tener hijos, basta con dejarlos y podremos quedar embarazadas de forma inmediata.

 

Métodos anticonceptivos con receta médica disponibles en farmacias

 

Menos el DIU de metal, todos usan hormonas para evitar la concepción deteniendo la ovulación y favoreciendo el espesor del moco de nuestro cuello uterino. Son:

 

  • El diafragma: copa de silicona, blanda y flexible, en la que debemos introducir una cucharada de espermicida para que tenga mayor efectividad. Se coloca hasta dos horas antes de la relación y hay que dejarlo puesto hasta seis horas después. Podemos colocárnosla nosotras mismas y, si vamos a tener relaciones varias veces, hay que añadir más espermicida. Si la cuidamos correctamente, podemos usar el mismo diafragma durante dos años, pero nunca durante más de 24h seguidas.
  • Las pastillas anticonceptivas: anticonceptivos orales que tomaremos nosotras mismas, cada día. Existen dos tipos: combinadas y de solo progestina. Es el método anticonceptivo más usado hasta día de hoy, requiere de un chequeo médico, al menos, una vez al año y de una revisión de nuestra presión arterial tres meses después de empezar a tomarla.
  • El parche anticonceptivo: parche que podemos colocarnos nosotras mismas sobre la piel limpia y seca (sin cremas, maquillaje o talcos), y en un lugar plano, como: el vientre, los glúteos, la espalda o el antebrazo. Se usa durante una semana y luego hay que ponerse uno nuevo, en un lugar distinto del que colocaste el anterior. Así durante tres semanas seguidas, la cuarta semana debemos sacarlo y esperar siete días hasta ponernos uno nuevo (coincidiendo con la semana que nos baje el período).
  • El anillo vaginal: anillo pequeño y flexible que nos introducimos nosotras mismas y podemos usar 24h al día durante tres semanas seguidas. No tenemos que preocuparnos por su ubicación exacta, si podemos caminar sin notarlo es que está bien. En la cuarta semana debemos sacarlo y esperar una semana hasta ponernos uno nuevo (coincidiendo con la semana que nos baje el período).
  • El dispositivo intrauterino, DIU: existen dos tipos de dispositivos intrauterinos: de metal (sin hormonas) y de plástico flexible (hormonal). Su eficacia anticonceptiva está entre los cinco y los doce años, dependiendo del que escojas. Debe colocarlo nuestro médico de confianza, podemos ponérnoslo en cualquier momento (incluso tras dar a luz) y su procedimiento dura unos cinco minutos. El DIU también es de gran efectividad como método anticonceptivo de emergencia, si te lo pones en las siguientes 120 horas de haber tenido una relación sexual de riesgo.

 

Métodos anticonceptivos disponibles en centros de salud y ginecológicos

 

También podemos decantarnos por métodos anticonceptivos que sólo podremos adquirir en un centro de salud o en nuestro centro ginecológico de confianza, son:

 

  • La bola intrauterina, BIU: método anticonceptivo con sólo tres meses de comercialización en España. Sus características son iguales a las del DIU de metal, pero en forma de bola tridimensional, blanda y moldeable.
  • La inyección anticonceptiva: método anticonceptivo hormonal y libre de estrógenos, que debe inyectarnos, preferentemente, nuestro profesional sanitario de confianza, cada tres meses.
  • El implante anticonceptivo: método anticonceptivo hormonal y libre de estrógenos, en forma de pequeña varilla flexible. Debe implantárnosla nuestro profesional sanitario de confianza bajo la piel de la cara interna de nuestro brazo no dominante, y tiene una duración de tres años.
  • La ligadura de trompas: procedimiento quirúrgico y permanente en el que nos cierran, cortan o extraen, de forma permanente, partes de nuestras trompas de Falopio.
  • La vasectomía: procedimiento quirúrgico y permanente en el que nos bloquean los conductos del escroto que transportan los espermatozoides, con el objetivo de que éstos no puedan salir de dicho conducto.

Métodos anticonceptivos sin receta médica

Los métodos anticonceptivos nos ayudan a posponer la maternidad/paternidad, evitar embarazos no deseados y prevenir enfermedades e infecciones de transmisión sexual, entre otros.

De los múltiples métodos anticonceptivos existentes, hay algunos que requieren la intervención de un médico o enfermera, pero otros que no. Estos últimos podemos adquirirlos en nuestra farmacia de confianza sin necesidad de receta médica. Hoy en día, encontramos tres tipos:

 

1. Métodos barrera:

 

Aquellos que evitan la llegada del espermatozoide al óvulo:

  • El condón o preservativo: es el único método anticonceptivo, junto con el condón interino femenino, que nos sirve de anticonceptivo a la vez que nos protege frente a enfermedades e infecciones de trasmisión sexual. No requiere receta médica, no tiene restricciones de edad y se venden en cualquier farmacia. Existen de diferentes tamaños, tipos formas, texturas y sabores, podemos usarlos junto a otros métodos anticonceptivos menos con el condón interno o femenino, ya que la fricción entre ellos puede hacer que se recojan o se rompan, y es posible combinarlo con lubricantes. Si se usan y conservan siguiendo las instrucciones correctamente, hay muy pocas opciones de quedar embarazados o de contagiarnos de alguna enfermedad de trasmisión sexual.

 

  • El condón interno o preservativo femenino: al igual que el masculino previene el embarazo y protege de las infecciones o enfermedades de trasmisión sexual. No requiere receta médica y no tiene restricciones de edad. Podemos usarlos junto a otros métodos anticonceptivos menos con el condón o preservativo, ya que la fricción entre ellos puede hacer que se recojan o se rompan, y es posible combinarlo con lubricantes. Tenemos la opción de colocárnoslo hasta ocho horas antes de comenzar la relación sexual, no siendo necesario retirarlo después de la eyaculación. Vienen fabricados en látex sintético, son de talla única y se venden en cualquier farmacia. Si se usan y conservan siguiendo las instrucciones correctamente, hay muy pocas opciones de quedar embarazados o de contagiarnos de alguna enfermedad de trasmisión sexual.

 

  • La esponja anticonceptiva: es pequeña y está hecha de espuma plástica, blanda y suave. Podemos usarla junto a otros métodos anticonceptivos y combinarla con lubricantes, y es una alternativa sin hormonas disponible sin receta en cualquier farmacia y sin restricciones de edad, pero no nos protegen contra enfermedades o infecciones de trasmisión sexual. Podemos ponérnosla hasta veinticuatro horas antes de tener una relación sexual y, una vez colocada, es efectiva veinticuatro horas sin necesidad de cambiarla, pero hay que dejarla al menos seis horas después de la relación para que mantenga su efectividad, nunca sobrepasar las treinta horas en total y usarla siguiendo las instrucciones correctamente.

 

  • Los espermicidas: evitan la llegada del espermatozoide al óvulo de dos modos, haciendo que los espermatozoides no se puedan mover con agilidad y bloqueando la entrada al cuello uterino. Hay espermicidas en diferentes formatos: gel, crema, película, espuma o en pastilla, su efectividad como anticonceptivo es mayor cuando se usan siguiendo las instrucciones correctamente. Pero ninguno protege contra enfermedades o infecciones de trasmisión sexual.

 

2. Métodos anticonceptivos naturales:

 

Existen varias opciones, como: el método de observación de la fertilidad, la eyaculación fuera de la vagina, la abstinencia, el sexo sin penetración y la lactancia materna como método anticonceptivo. No se puede asegurar la eficacia de estos métodos, excepto en el caso de la abstinencia o del sexo sin penetración, que sí son 100% efectivos como método anticonceptivo.

 

3. La pastilla del día después:

 

Es un método anticonceptivo de emergencia que se usa cuando hemos tenido relaciones sexuales de riesgo, sin anticonceptivos o cuando el anticonceptivo ha fallado. Es un medicamento que podemos comprar sin receta médica, no tiene límite de edad y podemos adquirirla en cualquier farmacia. Lo más efectivo es tomarla dentro de las 72 horas posteriores a la relación sexual de riesgo, pero no finaliza un embarazo ya implantado y puede llegar a fallar aun usándola correctamente (debemos leer bien las instrucciones de uso, sobre todo en lo que respecta a las contraindicaciones). No debemos emplearla como método anticonceptivo primario, y no nos protege de enfermedades ni infecciones de trasmisión sexual.

Características y prevención de la rinitis alérgica

 

La rinitis alérgica es un trastorno nasal que provoca una inflamación de las capas internas de la nariz, causando: obstrucción nasal, estornudos, goteo nasal, tos, sibilancias, otitis, dolor de cabeza, irritación u hormigueo en alguna parte de la piel y, a veces, conjuntivitis.

El número de casos es mayor entre los adolescentes y los adultos jóvenes, y bastante rara antes de los cinco años de edad. A partir de los treinta y cinco es muy poco frecuente, y pasados los sesenta tienden a mejorar los síntomas de manera espontánea.

La rinitis alérgica puede confundirse con un resfriado porque comparte con él alguno de sus síntomas. Pero, en el caso de la rinitis alérgica, sus síntomas no incluyen fiebre ni malestar general, y se producen en contacto con el alérgeno concreto que nos produce la alergia.

Un catarro, por su parte, conlleva congestión nasal sin picor y la secreción acuosa de los primeros días pasa a ser moco de los tres a diez días posteriores, acompañándose con fiebre, malestar general y dolor de garganta.

La rinitis alérgica y el asma, con frecuencia, se dan a la vez, no estando claro si resultan del mismo proceso alérgico o si el asma desencadena la rinitis.

 

¿Cómo ha evolucionado la rinitis alérgica?

 

Es una enfermedad muy común a nivel mundial, que ha experimentado un aumento de casos en los últimos años llegando a ser, hoy día, una de las principales causas de que vayamos al médico.

Su incidencia ya es superior en las ciudades que en el campo, hecho que se relaciona con la contaminación atmosférica y la responsabilidad de la misma en el aumento de la polinosis (enfermedad alérgica), las lesiones inflamatorias de los tejidos que recubren boca, nariz, garganta y tráquea, y el aumento del poder alérgico de algunas plantas.

Nos afecta en nuestras actividades sociales, laborales y escolares, y es causante, muchas veces, del absentismo laboral o escolar, de la disminución de nuestra productividad e incluso del aumento de las alteraciones de nuestros estados de ánimo, astenia o alteraciones en el aprendizaje.

 

Consejos para prevenir los síntomas de la rinitis alérgica

 

Aunque, si padecemos este tipo de alergia, es difícil prevenir los síntomas de la rinitis alérgica, sí existen estrategias que pueden ayudarnos, evitando o eliminando posibles factores que lo originen.

  • Evitar exponernos a aquello que nos provoca la rinitis alérgica.
  • Limpiar nuestra casa con frecuencia y quitar el polvo con aspiradora o trapos húmedos.
  • Prescindir de adornos, muebles, libros o juguetes que acumulen polvo.
  • Reducir al máximo el contacto con nuestras mascotas o de ellas a zonas sensibles de la casa, como las habitaciones.
  • Usar deshumidificadores en zonas húmedas o mal aireadas.
  • Lavar con frecuencia y en agua caliente, fundas de almohadas, sábanas y mantas.
  • Mantener una buena higiene de nuestras cavidades nasales. Sonarnos suavemente para no crearnos problemas auditivos y limpiarnos las fosas nasales con soluciones fisiológicas. (/categoria-producto/corporal/limpieza-nasal/)
  • Usar filtros de partículas de alta eficiencia.
  • Sustituir las cortinas de tela por persianas o estores.
  • Usar almohadas de fibras sintéticas.
  • Usar fundas de colchón impermeables.
  • Exterminar las cucarachas, en caso de que las haya.
  • Intentar evitar aquellos desencadenantes relacionados, como: gases irritantes, humedades altas o aire contaminado, entre otros.

Una vez que la rinitis alérgica ha empezado a dar síntomas, lo más aconsejable es acudir a nuestro profesional sanitario de confianza para que nos indique el tratamiento a seguir, las dosis adecuadas y la frecuencia recomendada.

Tratamiento de la rinitis alérgica

 

A la rinitis alérgica solemos relacionarla con la llegada de estaciones como la primavera, el verano o el otoño, que inducen al pasto, la maleza, las flores o los árboles, a liberar granitos de polen que terminan en nuestra nariz o garganta, produciéndonos lo que conocemos como rinitis alérgica.

Pero, existen otros alérgenos que motivan este trastorno nasal y que están presenten en todas las estaciones del año, como: heces de los ácaros del polvo, ácaros del polvo, hongos de la casa, cucarachas y caspa o proteínas de animales, entre otros.

 

Métodos eficaces contra los síntomas de la rinitis alérgica

 

Vamos a hacer una revisión de los tratamientos más usados para contrarrestar los síntomas de la rinitis alérgica. Estos tratamientos deben ser siempre prescritos y supervisados por nuestro profesional sanitario de confianza, quien tendrá en cuenta factores como: si tomamos otros medicamentos o complementos alimenticios, si padecemos alguna enfermedad, si somos alérgicos a alguna sustancia particular, etc…

Tanto si ya sufrimos los síntomas de la rinitis alérgica como si aún no nos han alcanzado, existen varios mecanismos de prevención a nuestro alcance, tanto para paliar los síntomas como para evitarlos.

Pero, cuando los métodos preventivos no son suficientes, podemos echar mano de varios tratamientos efectivos, como:

Soluciones salinas intranasales: nos ayudarán a mover la secreción espesa y a hidratar la mucosa. Limpian los residuos de alérgeno que quedan en nuestros conductos nasales (espacios abiertos detrás de la nariz) y alivian los síntomas, previniendo infecciones. Se trata de una terapia complementaria que también es útil para absorber mejor las medicinas y reducir las costras intranasales.

La función de nuestros mocos es la de atrapar bacterias, virus, polvo y otras sustancias para que el aire llegue limpio a los pulmones. Si lavamos nuestra cavidad nasal, fluidificamos el moco facilitando su evacuación. Pero no debemos utilizarlos más de 2/3 veces al día, pues podemos irritar la mucosa e impedir que se regenere, ni tampoco debemos usarlas si nuestras fosas nasales están bloqueadas.

Esta solución puede viajar hacia la faringe o hacia la fosa contralateral, dependiendo de la posición en que apliquemos la solución o de cómo ladeemos la cabeza.

Si no la introducimos correctamente podemos trasladar el moco hacia el oído y provocarnos dolor (otalgia) o infección (otitis) por lo que, si no hemos recibido consejo de nuestro profesional sanitario de confianza sobre la manera más correcta de realizar esta limpieza, lo mejor es hacerla con la cabeza recta, y asegurarnos de que la solución no se desplaza a los oídos.

Existen dos tipos de soluciones salinas:

Las soluciones isotónicas: aquellas cuya concentración de sales es parecida a la de los fluidos de nuestro organismo, como el suero fisiológico. Funcionan desplazando el moco para que se regenere y que no se acumule.

Las soluciones hipertónicas: contienen una concentración salina más alta, parecida a la del agua marina. Funcionan hidratando mejor el moco para permitir que se mueva con mayor facilidad.

Los lavados de gran volumen son más efectivos que las gotas o los aerosoles pues, estos últimos, aunque son portátiles y fáciles de usar, necesitan un uso más frecuente para conseguir la misma efectividad.

Corticoesteroides nasales en aerosol: son seguros para adultos y niños, y pueden usarse de forma continuada o sólo cuando sea necesario. Estos aerosoles reducen el moco y la hinchazón, pero no es hasta las dos semanas que empezaremos a notar los resultados.

En cuanto a su aplicación, viene dada en las instrucciones del empaque y consiste en: lavarnos las manos antes de usarlo, sonarnos la nariz para despejar el conducto nasal, agitar el envase e inyectar el contenido presionando el aplicador con la cabeza bien erguida, bloqueando la otra fosa nasal con el dedo. Hay que inhalar lentamente y repetir el proceso con la otra fosa nasal, evitando estornudar o sonarnos la nariz justo después de cada aplicación.

Antihistamínicos: se utilizan cuando los síntomas no duran mucho tiempo o son esporádicos, a ellos les hemos dedicado un artículo a parte. Los antihistamínicos nasales en aerosol operan bastante bien contra la rinitis alérgica.

 

Otros tratamientos para la rinitis alérgica

 

Por otro lado, ya en una categoría más médica, comentar que existen otros tratamientos, como:

La inmunoterapia de desensibilización: más eficaz cuando la rinitis alérgica es estacional y usada, principalmente, cuando los síntomas son graves, el alérgeno no se puede evitar o el tratamiento farmacológico es inadecuado.

La inmunoterapia sublingual: funciona colocando el medicamento bajo la lengua y se usa con rinitis alérgicas producidas por tipos específicos de polen: polen de la hierba, polen de ambrosía o extractos de alérgenos de ácaros del polvo doméstico.

La vacunación contra las alergias: si no podemos evitar el contacto diario con el polen, o nuestros síntomas son difíciles de controlar, también podemos echar mano de inyecciones regulares hasta alcanzar la dosis que nos ayude a controlar los síntomas.

Aunque estos tratamientos, en su mayoría, podemos adquirirlos sin receta en nuestra farmacia de confianza, es importante que sea nuestro profesional sanitario quien nos indique el tipo de tratamiento que debemos seguir, la frecuencia del mismo y su duración.

Importancia de la vitamina D en bebés

 

Dar la dosis adecuada de vitamina D es esencial para el crecimiento del bebé porque ayuda a un correcto desarrollo de sus huesos, su corazón y su sistema inmunitario. Es por esta razón que la Asociación Española de Pediatría recomienda administrar vitamina D a todos los recién nacidos durante, al menos, el primer año de vida.

 

¿Qué pasa si un bebé tiene niveles bajos de vitamina D?

 

Los bebés con deficiencia de esta vitamina, pueden desarrollar algunas enfermedades como:

  • Raquitismo: una enfermedad que presenta ablandamiento en los huesos del cráneo y del cuerpo, talla baja y mayor riesgo de retraso psicomotor.
  • Enfermedades pulmonares: la vitamina D contribuye a la maduración pulmonar, reduciendo afecciones como la bronquitis o el asma.

Hay estudios que también relacionan el déficit de vitamina D con las caries o el trastorno del espectro autista, pero estaría aún por demostrarse una evidencia directa. 

 

¿Cómo puede mi bebé conseguir la vitamina D que necesita?

 

Los bebés menores de un año deben tomar una cantidad de vitamina D de 400 UI al día. A partir de los doce meses, el pediatra indicará si debe mantener la suplementación con esta vitamina.  

Este apoyo durante el primer año es necesario, ya que el bebé no es capaz de conseguir toda la vitamina D que necesita de manera natural. Los niños no pasan el suficiente tiempo en exteriores como para conseguirla a través del sol, y durante los seis primeros meses se debe dar lactancia en exclusiva, por lo que no pueden adquirirla de alimentos como pescados, yogures, huevos o aguacates, entre otros.

 

Vitamina D a partir del año

 

A partir del año de vida, debe ser el pediatra quien recomiende el suplemento, si el niño lo necesita. La recomendaciones actual es seguir una dieta variada, con alimentos que contengan vitamina D, y realizar actividades al aire libre de manera segura.