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Autor: Farmacia La Victoria

Introducción a la Fitoterapia

La Fitoterapia, o medicina herbal, es una medicina alternativa promovida por médicos, farmacéuticos, biólogos, antropólogos, etnobotánicos, etc.… que defiende el uso terapéutico de las plantas medicinales para prevenir o curar enfermedades y trastornos.

La OMS define a las plantas medicinales como: “plantas que, en uno o más de sus órganos, contienen sustancias que pueden ser utilizadas con fines terapéuticos”.

Cuando la Fitoterapia habla de plantas medicinales, hace referencia a aquellas cuyo cultivo y recolección se hace en tierra. Pero el mar, con toda su biodiversidad vegetal, también supone una gran fuente de plantas y algas potencialmente útiles para dichos propósitos.

La Farmacéutica se alinea con la Fitoterapia mediante la Farmacognosia, que estudia los componentes químicos de las plantas, sus órganos o sus partes, y sus propiedades farmacológicas.

Por ello, es habitual encontrar en cualquier farmacia una sección de parafarmacia con productos basados en plantas medicinales, junto a su correspondiente cuantificación precisa del extracto y el contenido estandarizado y declarado de sus principios activos.

Se trata de productos para aliviar o tratar cuestiones de salud, belleza o higiene, como: problemas digestivos, respiratorios, cardiovasculares, antiinflamatorios, hepatoprotectores, diuréticos, reguladores del colesterol, vasoprotectores, para la obesidad, para adelgazar, estrogénicos, para la ansiedad, el insomnio, antidepresivos, tranquilizantes, suplementos para mejorar las funciones cognitivas y suplementos minerales y vitamínicos, laxantes o productos emolientes, protectores y tónicos para la piel.

En formatos tan dispares como: cremas, geles, aceites esenciales, aceites puros, bálsamos, soluciones bebibles, jarabes, tés, preparados, combinados, gotas, cápsulas, en polvo e incluso a granel.

La producción, autorización, registro, distribución y dispensación de estos productos, así como la de medicamentos tradicionales basados en plantas, sí está bien regulada por la legislación alimentaria.

 

¿Cómo evoluciona la Fitoterapia?

 

El uso de plantas para prevenir o curar enfermedades y trastornos empezó en la prehistoria de manera accidental, con la ingesta de plantas tóxicas o para evitar/sanar picaduras de insectos.

Sus conocimientos pasaron a las sociedades posteriores, advertidas de las plantas que eran dañinas y aquellas que servían para curar, empezando a tomar conciencia de que la naturaleza es una fuente ingente de sustancias con propiedades curativas.

Hoy día, a pesar de que el consumo de plantas medicinales ha aumentado en todo el mundo, y es frecuente combinarlos con medicamentos convencionales, en España aún no existe una titulación oficial sobre plantas medicinales en la rama de la Sanidad y hay un escaso conocimiento de la Fitoterapia por parte de la mayoría de profesionales sanitarios titulados. Aunque sí se proporciona formación no oficial sobre terapias naturales.

 

Riesgos importantes a tener en cuenta

 

Muchas personas creen que todos los productos que emplean plantas son inofensivos cuando, en realidad, su efecto dependerá del contenido en principios activos que tenga. Principios activos que coinciden, en repetidas ocasiones, con los de la medicina convencional, que usa los mismos ingredientes primarios.

Como pasa con la medicación convencional, algunas plantas pueden provocar reacciones adversas, intoxicación, sobredosis o interacciones peligrosas para la salud.

Hay que tener en cuenta que, el consumo de plantas con fines terapéuticos es realmente un proceso de medicación y, consecuentemente, es importante que informemos a nuestro médico si hacemos uso de alguna de ellas.

Pero, de igual manera, también es necesario un control médico de todos los productos que provienen de plantas medicinales, como ya se hace con los medicamentos tradicionales.

Y, ante todo, tengamos mucha precaución al usar plantas con efectos farmacológicos activos. Antes de utilizar cualquier planta medicinal, asegurémonos de conocerla muy bien; muchas plantas pueden confundirse fácilmente y, un error, puede provocarnos problemas de salud muy graves e incluso irreversibles.

El Árbol del Té, una planta medicinal

El Árbol del Té es originario de las tierras húmedas de la costa de Nueva Gales del Sur, Australia. Es un árbol pequeño, de entre cuatro y siete metros de altura, cuyas hojas aromáticas tienen forma de aguja y sus cabezas florales sésiles son de color amarillo o púrpura.

Su aceite ha sido utilizado por los aborígenes australianos durante miles de años, obteniéndolo mediante la destilación, por cocción o al vapor, de sus hojas y ramas.

En 1920, el Dr. Arthur Penfold, químico del gobierno de Australia, estudió sus hojas e hizo públicas sus propiedades antisépticas, convirtiéndolo en un tratamiento estándar en Australia para la prevención y tratamiento de infecciones por heridas.

Actualmente, el aceite de las hojas y ramas del Árbol del Té se comercializan en el mundo entero, bien como aceite o bien incluido entre los componentes de miles de productos de belleza, higiene o salud.

Sus activos principales son alcoholes terpénicos, terpenos y óxidos terpénicos, y sus principales beneficios: antiinfecciosos, inmunoestimulantes, antinflamatorios y curativos.

 

Propiedades del aceite del Árbol del té

 

No existen evidencias de que el aceite del Árbol del Té interaccione con otros medicamentos, pero sí estudios que demuestran su sus propiedades antimicrobianas, antisépticas, antimicóticas, antibióticas, antinflamatorias, cicatrizantes y estimulantes del sistema inmunológico.

El Árbol del Té es una planta medicinal cuyos principios activos tienen múltiples propiedades. Por este motivo, es una planta curativa muy utilizada en la Fitoterapia o medicina alternativa.

 

1- Uso epidérmico

Sus principios activos penetran con facilidad en las capas externas de la epidermis, así que cuando lo utilizamos de forma tópica, el aceite de Árbol de Té es seguro y sus propiedades antimicrobianas, antimicóticas y antisépticas son muy eficaces para aliviar síntomas de dolencias, como: el pie de atleta, la psoriasis, los herpes, la varicela, la onicomicosis, los hongos en las uñas y en la piel, la candidiasis oral y vaginal, o la cistitis.

También es muy efectivo para raspaduras y pequeñas heridas, quemaduras, acné, manchas en la piel, verrugas, pruritos, granos o erupciones cutáneas. Y para limpiar impurezas en la cara, las pieles grasas, como hidratante, como regenerador cutáneo, para calmar irritaciones en la piel, para desinfectar y proteger nuestras manos, como desodorante, para picaduras de insectos y para fortalecer y acelerar el crecimiento de tu pelo, eliminando la caspa, los piojos o las liendres, y fortaleciendo el tratamiento de la dermatitis seborreica lactante (costra láctea).

 

2- Usos para el sistema respiratorio e inmunológico

Gracias a sus propiedades antibióticas, antiinflamatorias y antivirales, es un remedio natural para luchar contra infecciones y otras dificultades y patologías del sistema inmunológico, como: sinusitis, rinitis, anginas, asma, bronquitis, catarro/resfriado, tos y silbidos en el pecho, tos ferina, fiebre y gripe.

 

Qué tener en cuenta para usar el aceite del Árbol del Té

 

Hay que ser muy precavido a la hora de utilizar plantas curativas con efectos farmacológicos. Si no somos expertos en Fitoterapia o en Farmacognosialo mejor es preguntar en nuestra farmacia cuál es la mejor alternativa de aceite del Árbol del Té para nuestra dolencia, tanto en lo relativo al formato, como a las cantidades o a la frecuencia de uso más adecuada para nuestra dolencia.

El aceite del Árbol del Té se vende en botes de diferentes tamaños, como aceite esencial o como aceite puro. También puedes comprar las hojas del Árbol del Té a granel y hacer tus propias destilaciones, o bien comprar compuestos ya preparados de productos que llevan incluida la cantidad de aceite de Árbol de Té necesaria para cada propósito específico.

Aun y así, debemos saber que el aceite del Árbol del Té nunca debe ingerirse vía oral, no debe usarse en caso de eczemas, sensibilidad cutánea, niños menores de tres años, o personas embarazadas o en período de lactancia.

Usarlo sin conocimiento puede provocarnos irritación de la piel, sarpullido alérgico, picazón, escozor, ardor, descamación, enrojecimiento, sequedad, desorientación, ataxia, menor nivel de consciencia o ginecomastia en niños pequeños.

Métodos anticonceptivos con receta médica

 

Hoy en día existen múltiples métodos anticonceptivos a nuestro alcance. Algunos necesitan receta médica para poder comprarlos en nuestra farmacia de confianza y, por lo tanto, la intervención de un profesional sanitario. Es importante aprovechar la visita al médico para aclarar cualquier duda que nos surja.

Ninguno de ellos, por sí mismo, nos protege de infecciones ni enfermedades de trasmisión sexual. Sólo combinados con el condón interno o con el preservativo masculino estaremos protegidos.

Ninguno de ellos tiene porqué interrumpir nuestro momento de intimidad, podemos compaginarlos con otros métodos anticonceptivos y usarlos junto a lubricantes, tampones, copas menstruales o compresas.Y, si decidimos tener hijos, basta con dejarlos y podremos quedar embarazadas de forma inmediata.

 

Métodos anticonceptivos con receta médica disponibles en farmacias

 

Menos el DIU de metal, todos usan hormonas para evitar la concepción deteniendo la ovulación y favoreciendo el espesor del moco de nuestro cuello uterino. Son:

 

  • El diafragma: copa de silicona, blanda y flexible, en la que debemos introducir una cucharada de espermicida para que tenga mayor efectividad. Se coloca hasta dos horas antes de la relación y hay que dejarlo puesto hasta seis horas después. Podemos colocárnosla nosotras mismas y, si vamos a tener relaciones varias veces, hay que añadir más espermicida. Si la cuidamos correctamente, podemos usar el mismo diafragma durante dos años, pero nunca durante más de 24h seguidas.
  • Las pastillas anticonceptivas: anticonceptivos orales que tomaremos nosotras mismas, cada día. Existen dos tipos: combinadas y de solo progestina. Es el método anticonceptivo más usado hasta día de hoy, requiere de un chequeo médico, al menos, una vez al año y de una revisión de nuestra presión arterial tres meses después de empezar a tomarla.
  • El parche anticonceptivo: parche que podemos colocarnos nosotras mismas sobre la piel limpia y seca (sin cremas, maquillaje o talcos), y en un lugar plano, como: el vientre, los glúteos, la espalda o el antebrazo. Se usa durante una semana y luego hay que ponerse uno nuevo, en un lugar distinto del que colocaste el anterior. Así durante tres semanas seguidas, la cuarta semana debemos sacarlo y esperar siete días hasta ponernos uno nuevo (coincidiendo con la semana que nos baje el período).
  • El anillo vaginal: anillo pequeño y flexible que nos introducimos nosotras mismas y podemos usar 24h al día durante tres semanas seguidas. No tenemos que preocuparnos por su ubicación exacta, si podemos caminar sin notarlo es que está bien. En la cuarta semana debemos sacarlo y esperar una semana hasta ponernos uno nuevo (coincidiendo con la semana que nos baje el período).
  • El dispositivo intrauterino, DIU: existen dos tipos de dispositivos intrauterinos: de metal (sin hormonas) y de plástico flexible (hormonal). Su eficacia anticonceptiva está entre los cinco y los doce años, dependiendo del que escojas. Debe colocarlo nuestro médico de confianza, podemos ponérnoslo en cualquier momento (incluso tras dar a luz) y su procedimiento dura unos cinco minutos. El DIU también es de gran efectividad como método anticonceptivo de emergencia, si te lo pones en las siguientes 120 horas de haber tenido una relación sexual de riesgo.

 

Métodos anticonceptivos disponibles en centros de salud y ginecológicos

 

También podemos decantarnos por métodos anticonceptivos que sólo podremos adquirir en un centro de salud o en nuestro centro ginecológico de confianza, son:

 

  • La bola intrauterina, BIU: método anticonceptivo con sólo tres meses de comercialización en España. Sus características son iguales a las del DIU de metal, pero en forma de bola tridimensional, blanda y moldeable.
  • La inyección anticonceptiva: método anticonceptivo hormonal y libre de estrógenos, que debe inyectarnos, preferentemente, nuestro profesional sanitario de confianza, cada tres meses.
  • El implante anticonceptivo: método anticonceptivo hormonal y libre de estrógenos, en forma de pequeña varilla flexible. Debe implantárnosla nuestro profesional sanitario de confianza bajo la piel de la cara interna de nuestro brazo no dominante, y tiene una duración de tres años.
  • La ligadura de trompas: procedimiento quirúrgico y permanente en el que nos cierran, cortan o extraen, de forma permanente, partes de nuestras trompas de Falopio.
  • La vasectomía: procedimiento quirúrgico y permanente en el que nos bloquean los conductos del escroto que transportan los espermatozoides, con el objetivo de que éstos no puedan salir de dicho conducto.

Métodos anticonceptivos sin receta médica

Los métodos anticonceptivos nos ayudan a posponer la maternidad/paternidad, evitar embarazos no deseados y prevenir enfermedades e infecciones de transmisión sexual, entre otros.

De los múltiples métodos anticonceptivos existentes, hay algunos que requieren la intervención de un médico o enfermera, pero otros que no. Estos últimos podemos adquirirlos en nuestra farmacia de confianza sin necesidad de receta médica. Hoy en día, encontramos tres tipos:

 

1. Métodos barrera:

 

Aquellos que evitan la llegada del espermatozoide al óvulo:

  • El condón o preservativo: es el único método anticonceptivo, junto con el condón interino femenino, que nos sirve de anticonceptivo a la vez que nos protege frente a enfermedades e infecciones de trasmisión sexual. No requiere receta médica, no tiene restricciones de edad y se venden en cualquier farmacia. Existen de diferentes tamaños, tipos formas, texturas y sabores, podemos usarlos junto a otros métodos anticonceptivos menos con el condón interno o femenino, ya que la fricción entre ellos puede hacer que se recojan o se rompan, y es posible combinarlo con lubricantes. Si se usan y conservan siguiendo las instrucciones correctamente, hay muy pocas opciones de quedar embarazados o de contagiarnos de alguna enfermedad de trasmisión sexual.

 

  • El condón interno o preservativo femenino: al igual que el masculino previene el embarazo y protege de las infecciones o enfermedades de trasmisión sexual. No requiere receta médica y no tiene restricciones de edad. Podemos usarlos junto a otros métodos anticonceptivos menos con el condón o preservativo, ya que la fricción entre ellos puede hacer que se recojan o se rompan, y es posible combinarlo con lubricantes. Tenemos la opción de colocárnoslo hasta ocho horas antes de comenzar la relación sexual, no siendo necesario retirarlo después de la eyaculación. Vienen fabricados en látex sintético, son de talla única y se venden en cualquier farmacia. Si se usan y conservan siguiendo las instrucciones correctamente, hay muy pocas opciones de quedar embarazados o de contagiarnos de alguna enfermedad de trasmisión sexual.

 

  • La esponja anticonceptiva: es pequeña y está hecha de espuma plástica, blanda y suave. Podemos usarla junto a otros métodos anticonceptivos y combinarla con lubricantes, y es una alternativa sin hormonas disponible sin receta en cualquier farmacia y sin restricciones de edad, pero no nos protegen contra enfermedades o infecciones de trasmisión sexual. Podemos ponérnosla hasta veinticuatro horas antes de tener una relación sexual y, una vez colocada, es efectiva veinticuatro horas sin necesidad de cambiarla, pero hay que dejarla al menos seis horas después de la relación para que mantenga su efectividad, nunca sobrepasar las treinta horas en total y usarla siguiendo las instrucciones correctamente.

 

  • Los espermicidas: evitan la llegada del espermatozoide al óvulo de dos modos, haciendo que los espermatozoides no se puedan mover con agilidad y bloqueando la entrada al cuello uterino. Hay espermicidas en diferentes formatos: gel, crema, película, espuma o en pastilla, su efectividad como anticonceptivo es mayor cuando se usan siguiendo las instrucciones correctamente. Pero ninguno protege contra enfermedades o infecciones de trasmisión sexual.

 

2. Métodos anticonceptivos naturales:

 

Existen varias opciones, como: el método de observación de la fertilidad, la eyaculación fuera de la vagina, la abstinencia, el sexo sin penetración y la lactancia materna como método anticonceptivo. No se puede asegurar la eficacia de estos métodos, excepto en el caso de la abstinencia o del sexo sin penetración, que sí son 100% efectivos como método anticonceptivo.

 

3. La pastilla del día después:

 

Es un método anticonceptivo de emergencia que se usa cuando hemos tenido relaciones sexuales de riesgo, sin anticonceptivos o cuando el anticonceptivo ha fallado. Es un medicamento que podemos comprar sin receta médica, no tiene límite de edad y podemos adquirirla en cualquier farmacia. Lo más efectivo es tomarla dentro de las 72 horas posteriores a la relación sexual de riesgo, pero no finaliza un embarazo ya implantado y puede llegar a fallar aun usándola correctamente (debemos leer bien las instrucciones de uso, sobre todo en lo que respecta a las contraindicaciones). No debemos emplearla como método anticonceptivo primario, y no nos protege de enfermedades ni infecciones de trasmisión sexual.

Características y prevención de la rinitis alérgica

 

La rinitis alérgica es un trastorno nasal que provoca una inflamación de las capas internas de la nariz, causando: obstrucción nasal, estornudos, goteo nasal, tos, sibilancias, otitis, dolor de cabeza, irritación u hormigueo en alguna parte de la piel y, a veces, conjuntivitis.

El número de casos es mayor entre los adolescentes y los adultos jóvenes, y bastante rara antes de los cinco años de edad. A partir de los treinta y cinco es muy poco frecuente, y pasados los sesenta tienden a mejorar los síntomas de manera espontánea.

La rinitis alérgica puede confundirse con un resfriado porque comparte con él alguno de sus síntomas. Pero, en el caso de la rinitis alérgica, sus síntomas no incluyen fiebre ni malestar general, y se producen en contacto con el alérgeno concreto que nos produce la alergia.

Un catarro, por su parte, conlleva congestión nasal sin picor y la secreción acuosa de los primeros días pasa a ser moco de los tres a diez días posteriores, acompañándose con fiebre, malestar general y dolor de garganta.

La rinitis alérgica y el asma, con frecuencia, se dan a la vez, no estando claro si resultan del mismo proceso alérgico o si el asma desencadena la rinitis.

 

¿Cómo ha evolucionado la rinitis alérgica?

 

Es una enfermedad muy común a nivel mundial, que ha experimentado un aumento de casos en los últimos años llegando a ser, hoy día, una de las principales causas de que vayamos al médico.

Su incidencia ya es superior en las ciudades que en el campo, hecho que se relaciona con la contaminación atmosférica y la responsabilidad de la misma en el aumento de la polinosis (enfermedad alérgica), las lesiones inflamatorias de los tejidos que recubren boca, nariz, garganta y tráquea, y el aumento del poder alérgico de algunas plantas.

Nos afecta en nuestras actividades sociales, laborales y escolares, y es causante, muchas veces, del absentismo laboral o escolar, de la disminución de nuestra productividad e incluso del aumento de las alteraciones de nuestros estados de ánimo, astenia o alteraciones en el aprendizaje.

 

Consejos para prevenir los síntomas de la rinitis alérgica

 

Aunque, si padecemos este tipo de alergia, es difícil prevenir los síntomas de la rinitis alérgica, sí existen estrategias que pueden ayudarnos, evitando o eliminando posibles factores que lo originen.

  • Evitar exponernos a aquello que nos provoca la rinitis alérgica.
  • Limpiar nuestra casa con frecuencia y quitar el polvo con aspiradora o trapos húmedos.
  • Prescindir de adornos, muebles, libros o juguetes que acumulen polvo.
  • Reducir al máximo el contacto con nuestras mascotas o de ellas a zonas sensibles de la casa, como las habitaciones.
  • Usar deshumidificadores en zonas húmedas o mal aireadas.
  • Lavar con frecuencia y en agua caliente, fundas de almohadas, sábanas y mantas.
  • Mantener una buena higiene de nuestras cavidades nasales. Sonarnos suavemente para no crearnos problemas auditivos y limpiarnos las fosas nasales con soluciones fisiológicas. (/categoria-producto/corporal/limpieza-nasal/)
  • Usar filtros de partículas de alta eficiencia.
  • Sustituir las cortinas de tela por persianas o estores.
  • Usar almohadas de fibras sintéticas.
  • Usar fundas de colchón impermeables.
  • Exterminar las cucarachas, en caso de que las haya.
  • Intentar evitar aquellos desencadenantes relacionados, como: gases irritantes, humedades altas o aire contaminado, entre otros.

Una vez que la rinitis alérgica ha empezado a dar síntomas, lo más aconsejable es acudir a nuestro profesional sanitario de confianza para que nos indique el tratamiento a seguir, las dosis adecuadas y la frecuencia recomendada.

Tratamiento de la rinitis alérgica

 

A la rinitis alérgica solemos relacionarla con la llegada de estaciones como la primavera, el verano o el otoño, que inducen al pasto, la maleza, las flores o los árboles, a liberar granitos de polen que terminan en nuestra nariz o garganta, produciéndonos lo que conocemos como rinitis alérgica.

Pero, existen otros alérgenos que motivan este trastorno nasal y que están presenten en todas las estaciones del año, como: heces de los ácaros del polvo, ácaros del polvo, hongos de la casa, cucarachas y caspa o proteínas de animales, entre otros.

 

Métodos eficaces contra los síntomas de la rinitis alérgica

 

Vamos a hacer una revisión de los tratamientos más usados para contrarrestar los síntomas de la rinitis alérgica. Estos tratamientos deben ser siempre prescritos y supervisados por nuestro profesional sanitario de confianza, quien tendrá en cuenta factores como: si tomamos otros medicamentos o complementos alimenticios, si padecemos alguna enfermedad, si somos alérgicos a alguna sustancia particular, etc…

Tanto si ya sufrimos los síntomas de la rinitis alérgica como si aún no nos han alcanzado, existen varios mecanismos de prevención a nuestro alcance, tanto para paliar los síntomas como para evitarlos.

Pero, cuando los métodos preventivos no son suficientes, podemos echar mano de varios tratamientos efectivos, como:

Soluciones salinas intranasales: nos ayudarán a mover la secreción espesa y a hidratar la mucosa. Limpian los residuos de alérgeno que quedan en nuestros conductos nasales (espacios abiertos detrás de la nariz) y alivian los síntomas, previniendo infecciones. Se trata de una terapia complementaria que también es útil para absorber mejor las medicinas y reducir las costras intranasales.

La función de nuestros mocos es la de atrapar bacterias, virus, polvo y otras sustancias para que el aire llegue limpio a los pulmones. Si lavamos nuestra cavidad nasal, fluidificamos el moco facilitando su evacuación. Pero no debemos utilizarlos más de 2/3 veces al día, pues podemos irritar la mucosa e impedir que se regenere, ni tampoco debemos usarlas si nuestras fosas nasales están bloqueadas.

Esta solución puede viajar hacia la faringe o hacia la fosa contralateral, dependiendo de la posición en que apliquemos la solución o de cómo ladeemos la cabeza.

Si no la introducimos correctamente podemos trasladar el moco hacia el oído y provocarnos dolor (otalgia) o infección (otitis) por lo que, si no hemos recibido consejo de nuestro profesional sanitario de confianza sobre la manera más correcta de realizar esta limpieza, lo mejor es hacerla con la cabeza recta, y asegurarnos de que la solución no se desplaza a los oídos.

Existen dos tipos de soluciones salinas:

Las soluciones isotónicas: aquellas cuya concentración de sales es parecida a la de los fluidos de nuestro organismo, como el suero fisiológico. Funcionan desplazando el moco para que se regenere y que no se acumule.

Las soluciones hipertónicas: contienen una concentración salina más alta, parecida a la del agua marina. Funcionan hidratando mejor el moco para permitir que se mueva con mayor facilidad.

Los lavados de gran volumen son más efectivos que las gotas o los aerosoles pues, estos últimos, aunque son portátiles y fáciles de usar, necesitan un uso más frecuente para conseguir la misma efectividad.

Corticoesteroides nasales en aerosol: son seguros para adultos y niños, y pueden usarse de forma continuada o sólo cuando sea necesario. Estos aerosoles reducen el moco y la hinchazón, pero no es hasta las dos semanas que empezaremos a notar los resultados.

En cuanto a su aplicación, viene dada en las instrucciones del empaque y consiste en: lavarnos las manos antes de usarlo, sonarnos la nariz para despejar el conducto nasal, agitar el envase e inyectar el contenido presionando el aplicador con la cabeza bien erguida, bloqueando la otra fosa nasal con el dedo. Hay que inhalar lentamente y repetir el proceso con la otra fosa nasal, evitando estornudar o sonarnos la nariz justo después de cada aplicación.

Antihistamínicos: se utilizan cuando los síntomas no duran mucho tiempo o son esporádicos, a ellos les hemos dedicado un artículo a parte. Los antihistamínicos nasales en aerosol operan bastante bien contra la rinitis alérgica.

 

Otros tratamientos para la rinitis alérgica

 

Por otro lado, ya en una categoría más médica, comentar que existen otros tratamientos, como:

La inmunoterapia de desensibilización: más eficaz cuando la rinitis alérgica es estacional y usada, principalmente, cuando los síntomas son graves, el alérgeno no se puede evitar o el tratamiento farmacológico es inadecuado.

La inmunoterapia sublingual: funciona colocando el medicamento bajo la lengua y se usa con rinitis alérgicas producidas por tipos específicos de polen: polen de la hierba, polen de ambrosía o extractos de alérgenos de ácaros del polvo doméstico.

La vacunación contra las alergias: si no podemos evitar el contacto diario con el polen, o nuestros síntomas son difíciles de controlar, también podemos echar mano de inyecciones regulares hasta alcanzar la dosis que nos ayude a controlar los síntomas.

Aunque estos tratamientos, en su mayoría, podemos adquirirlos sin receta en nuestra farmacia de confianza, es importante que sea nuestro profesional sanitario quien nos indique el tipo de tratamiento que debemos seguir, la frecuencia del mismo y su duración.

Importancia de la vitamina D en bebés

 

Dar la dosis adecuada de vitamina D es esencial para el crecimiento del bebé porque ayuda a un correcto desarrollo de sus huesos, su corazón y su sistema inmunitario. Es por esta razón que la Asociación Española de Pediatría recomienda administrar vitamina D a todos los recién nacidos durante, al menos, el primer año de vida.

 

¿Qué pasa si un bebé tiene niveles bajos de vitamina D?

 

Los bebés con deficiencia de esta vitamina, pueden desarrollar algunas enfermedades como:

  • Raquitismo: una enfermedad que presenta ablandamiento en los huesos del cráneo y del cuerpo, talla baja y mayor riesgo de retraso psicomotor.
  • Enfermedades pulmonares: la vitamina D contribuye a la maduración pulmonar, reduciendo afecciones como la bronquitis o el asma.

Hay estudios que también relacionan el déficit de vitamina D con las caries o el trastorno del espectro autista, pero estaría aún por demostrarse una evidencia directa. 

 

¿Cómo puede mi bebé conseguir la vitamina D que necesita?

 

Los bebés menores de un año deben tomar una cantidad de vitamina D de 400 UI al día. A partir de los doce meses, el pediatra indicará si debe mantener la suplementación con esta vitamina.  

Este apoyo durante el primer año es necesario, ya que el bebé no es capaz de conseguir toda la vitamina D que necesita de manera natural. Los niños no pasan el suficiente tiempo en exteriores como para conseguirla a través del sol, y durante los seis primeros meses se debe dar lactancia en exclusiva, por lo que no pueden adquirirla de alimentos como pescados, yogures, huevos o aguacates, entre otros.

 

Vitamina D a partir del año

 

A partir del año de vida, debe ser el pediatra quien recomiende el suplemento, si el niño lo necesita. La recomendaciones actual es seguir una dieta variada, con alimentos que contengan vitamina D, y realizar actividades al aire libre de manera segura.

Suplementos de vitamina D, cuándo tomarlos

 

Cuando nuestra dieta alimentaria no es suficiente para nutrirnos de vitamina D deberíamos recurrir a suplementos vitamínicos que nos ayuden a alcanzar los niveles recomendados para llevar una vida saludable.

Existen múltiples motivos que podrían hacernos padecer una insuficiencia de vitamina D. Puede deberse a los medicamentos que tomamos, a que no comamos los alimentos adecuados , a un problema de mala absorción de dicha vitamina, a una falta de exposición solar o a que nuestros riñones o hígado no convierten la vitamina D en su forma activa. 

También puede venir provocado por nuestra piel, que no produce vitamina D mientras está expuesta a la luz solar o porque tenemos una piel oscura que posee una menor capacidad para producir esta vitamina, podría venir determinada por un problema de obesidad o bien estar relacionada con una enfermedad celíaca o por la enfermedad de Crohn.

 

Suplementos de vitamina D, tipos

 

Podemos adquirir suplementos de vitamina D en nuestra farmacia de confianza y sin receta médica, pero la recomendación sanitaria es consultar con nuestro médico o farmacéutico antes de consumir dichos complementos, porque pueden provocarnos sobredosis de vitamina D, interactuar con otros medicamentos o suplementos que estemos tomando, o provocarnos reacciones alérgicas.  

Existen dos variantes principales de suplementos de vitamina D:

Suplementos de vitamina D3 o colecalciferol: es un complemento a nuestra dieta diaria (complementa, no sustituye), y pertenecen a la clase de medicamentos análogos de la vitamina D. Su trabajo consiste en ayudar a nuestro organismo a sacar todo el rendimiento posible al calcio de los alimentos que ingerimos, con el objetivo de conseguir unos huesos, músculos, nervios y un sistema inmunitario más fuerte. 

Se pueden usar individualmente o bien en combinación con otras vitaminas o medicamentos, y se presenta en varias formas: cápsulas, cápsulas de gel, gel masticable, tabletas o gotas líquidas.

Hay que tomarlo a la misma hora cada día y siguiendo las instrucciones de nuestro médico o farmacéutico de confianza, tanto para cantidades como para su frecuencia.

Los posibles efectos secundarios de los suplementos de vitamina D3 son: pérdida de apetito, pérdida de peso, náuseas,vómitos, estreñimiento.

Suplementos de vitamina D2 o ergocalciferol: también es un complemento a nuestra dieta diaria (complementa, no sustituye), y también pertenecen a la clase de medicamentos análogos de la vitamina D. Es el más utilizado en suplementos vitamínicos y alimentos enriquecidos y, al ser de origen vegetal, es la opción más escogida por las personas veganas. Su trabajo consiste también en ayudar a nuestro organismo a sacar todo el partido del calcio que ya se encuentra en los alimentos.

Se presenta en forma de cápsulas y se toma una vez al día, tragando la tableta (sin masticarla ni triturarla) y siguiendo las instrucciones de nuestro médico o farmacéutico de confianza, tanto para cantidades como para su frecuencia.

Los posibles efectos secundarios de los suplementos de vitamina D2 son: piel pálida, cansancio, dificultad para pensar con claridad, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, estreñimiento, sed, pérdida de peso, somnolencia, dolores musculares, rigidez muscular o debilidad muscular.

 

Consecuencias de los niveles bajos de vitamina D

 

La consecuencia directa de padecer un déficit de vitamina D es que perdamos densidad ósea, lo que hace que nuestros huesos sean más débiles y tengamos mayor probabilidad de sufrir fracturas óseas y dolores en huesos, músculos o articulaciones (osteoporosis u osteomalacia). Y esta podría considerarse la consecuencia menos grave, pues un déficit de vitamina D puede llevarnos al raquitismo (posible en bebés, a los que dedicaremos una mención especial), la diabetes, el cáncer o la esclerosis múltiple.

Por ello es muy importante que cuidemos nuestros niveles de vitamina D y que, en el caso de no poder adquirir dicha vitamina a través de medios naturales, consultemos con nuestro profesional sanitario de confianza la conveniencia, o no, de tomar suplementos vitamínicos en este sentido.

La vitamina D o vitamina del sol

 

Las vitaminas, en un sentido general, se obtienen a través de los alimentos. Pero, la vitamina D también podemos obtenerla mediante nuestra propia piel, a través de los rayos UVA del sol. 

Entre las funciones de la vitamina D está el mantener nuestra pared intestinal sana para que impida el paso de virus perjudiciales, estimular a las células de primera línea de nuestro sistema inmunitario y prevenir infecciones pulmonares y respiratorias.

La vitamina D también ayuda a nuestro cuerpo a absorber el calcio, sustancia imprescindible para gozar de unos huesos fuertes, a los músculos a realizar correctamente sus movimientos y a los nervios para transmitir mensajes.

 

Niveles y formas de la vitamina D

 

La vitamina D la encontramos de dos maneras:

  1. Como vitamina D2: La que encontramos en los vegetales.
  2. Como vitamina D3: La que encontramos en animales y vegetales, que es la que fabrica nuestra propia piel al entrar en contacto con los rayos UVA del sol. 

Un nivel adecuado de vitamina D debe ser superior o igual a 30 ng/ml (nanogramos por mililitro), sufriremos carencia de vitamina D cuando su concentración sea menor a 12 ng/ml (nanogramos por mililitro) y, por el contrario, tendremos exceso de vitamina D cuando nuestros niveles sean superiores a 125 ng/ml (nanogramos por mililitro). Estos valores sólo se nos mostrarán haciéndonos un análisis de sangre. 

La carencia de vitamina D supone un déficit de nuestra densidad ósea, que puede llevarnos a una osteoporosis, una osteomalacia o a fracturas de huesos. También hay estudios que lo vinculan con enfermedades como: diabetes, presión arterial alta o esclerosis múltiple, entre otras.

Y, mención aparte para la importancia de que nuestro bebé tenga la cantidad de vitamina D que necesita para desarrollar unos huesos fuertes.

 

Cómo conseguir vitamina D de forma natural

 

Un 85% del nivele de vitamina D que necesita nuestro organismo proviene de la luz solar, por ello la recomendación es tomar el sol entre quince y veinte minutos al día. Pero, esta situación ideal no es factible para la gran mayoría, por lo que existen métodos alternativos para conseguir vitamina D. Uno de ellos es utilizar alimentos ricos en vitamina D.

Entre estos alimentos, destacamos:

Pescado: Los pescados azules son los que más vitamina D nos aportarán, pero los magros o blancos también la poseen, aunque en menor proporción. Destacamos: arenque, congrio, salmón ahumado, jurel, palometa, salmón, sardina, anchoa y atún blanco o rojo.

Huevos: Es en la grasa de la yema donde se disuelve la vitamina D del huevo, por lo que el consejo es que los comamos enteros.

Productos lácteos enteros: En los productos lácteos desnatados o semidesnatados se elimina la vitamina D. La leche es una de las mejores elecciones como aporte de vitamina D, y puede ser de vaca, de soja, de almendras o de avena. Los yogures naturales son otra buena opción en cuanto a lácteos.

La carne de ternera y de pollo: Hay que cocinarla a la plancha o en cocciones que faciliten la protección de sus nutrientes.

Las setas: Una manera de potenciar los niveles de vitamina D de las setas es ponerlas al sol antes de cocinarlas. 

El aguacate: Es prácticamente la única fruta rica en vitamina D, junto con la naranja.

Cuando no nos sea posible llevar una dieta equilibrada, con un aporte suficiente de vitamina D, o no dispongamos del tiempo o los medios necesarios para sentarnos al sol veinte minutos al día, podemos adquirir vitamina D, o vitamina D combinada con otros nutrientes u otras vitaminas, en forma de suplemento vitamínico.

La importancia de una dieta equilibrada

Hoy en día, la mala alimentación y el sedentarismo son los dos principales motivos en el mundo de sufrir enfermedades peligrosas para nuestra salud y calidad de vida.

Por ello es tan frecuente que nuestro profesional sanitario de confianza nos recomiende llevar una dieta equilibrada. Parece una recomendación muy lógica e innecesaria, pero la realidad es que, con el aumento de la producción de alimentos procesados y el cambio en nuestro estilo de vida, se han producido variaciones en nuestros hábitos que han resultado en dietas muy altas en alimentos hipercalóricos , grandes cantidades de sal y sodio, un elevado consumo de grasas y azúcares libres, y un gran déficit de frutas, fibra dietética o verduras.

 

¿Qué es una dieta equilibrada?

 

La dieta equilibrada supone una armonía entre ingesta calórica y gasto calórico (lo que comemos y lo que nuestro organismo consume). Es diferente según las necesidades individuales de cada persona: su edad, sexo, actividad física o hábitos de vida, y debe cubrir las demandas energéticas de cada organismo de forma exclusiva, teniendo en cuenta que las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica total.

La elaboración de una dieta equilibrada puede hacerse agrupando los alimentos según su valor nutritivo, con el objetivo de calcular el aporte de calorías y nutrientes que nuestra dieta equilibrada necesita. 

Para calcular los valores nutritivos, podemos agrupar los alimentos de la siguiente manera:

  • Leche y derivados
  • Carne
  • Frutas y verduras
  • Pan y cereales

 

Imprescindibles para una comida saludable

 

Una comida saludable incluye, necesariamente:

  • Al menos, cinco porciones de frutas y hortalizas al día (sin contar tubérculos como las patatas), verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
  • Un consumo inferior al 5% de ingesta calórica total de azúcares libres (aquellos que fabricantes, cocineros o consumidores añadimos a alimentos o bebidas. También están presentes en la miel, los jarabes, los zumos o los concentrados de frutas).
  • Menos del 30% de la ingesta calórica diaria de grasas (menos del 10% de grasas saturadas y menos del 1% de grasas trans) :
    • Es mejor usar grasas no saturadas (pescado, aguacate, frutos secos o aceite de oliva, soja o girasol) que saturadas (aceite de palma y de coco, nata, queso, mantequilla, manteca de cerdo o carnes grasas), trans (galletas, tartas y pasteles, aceites de cocina, pastas untables o pizzas congeladas), o trans de rumiantes (vacas, cabras u ovejas). 
  • Menos de 5 gramos al día de sal (una cucharadita).

 

Consejos para una comida saludable

 

Comer de forma saludable no significa pasar hambre, basta con seguir una serie de directrices sencillas.

A la hora de cocinar, limitemos los alimentos horneados o fritos y escojamos el vapor o la cocción. También podemos reemplazar la mantequilla y la manteca de cerdo por aceite de soja, colza, maíz, cártamo o girasol. 

Si nos gustan los productos lácteos, vayamos por los desnatados y las carnes magras. Y, cuando tengamos un sabroso trozo de carne en el plato, quitemosle la grasa visible. 

Los aperitivos y alimentos envasados de producción industrial son fatales para nuestra salud, intentemos evitarlos, y un especial hincapié en la sal. La sal está presente en todas las comidas y en muchos alimentos o platos cocinados y precocinados, intentemos consumir menos de 5 gramos al día de sal (una cucharadita).Acostumbrarnos a la comida saludable, y a llevar una dieta equilibrada y sana en nuestro día a día, nos ayudará a prevenir enfermedades y a disfrutar de una vida más larga y plena.