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¿Cómo aliviar los síntomas de la bronquitis?

El camino que recorre el oxígeno hasta llegar a nuestros pulmones empieza en la nariz y la boca, de allí pasa a la tráquea que lo conduce hasta los bronquios, quienes lo trasladan a los bronquiolos y éstos a los alveolos para, finalmente, acabar en nuestros pulmones.

 

¿En qué consiste la bronquitis?

 

Se produce bronquitis cuando nuestros bronquios distinguen sustancias tóxicas en el oxígeno inhalado o bien al contagiarse con virus o bacterias. Esto los irrita y se inflaman, haciendo reaccionar a los pulmones, que generan mucosidad para atrapar a las partículas dañinas. Pero dicha inflamación, y la consecuente mucosidad, no deja circular al aire con normalidad y experimentamos episodios de tos, sibilancias y dificultad para respirar.

 

Síntomas de la bronquitis

 

Podemos sufrir dos tipos de bronquitis, con síntomas y causas propias de cada tipo:

 

Bronquitis aguda

También conocida como ‘resfriado de pecho’, tiene su origen en un virus o una bacteria, que suele ser el mismo que provoca gripes y resfriados, por lo que es contagiosa. Sus síntomas son:

  • Dolor de pecho.
  • Dolor leve de cabeza.
  • Dolor corporal moderado.
  • Dolor de garganta.
  • Fatiga.
  • Tos (con o sin mucosidad).

Las personas con bronquitis aguda suelen recuperarse en días o semanas.

 

Bronquitis crónica

Es un tipo de enfermedad pulmonar incluida en el grupo de enfermedades obstructivas crónicas (EPOC). La causa principal de la bronquitis crónica es el consumo de tabaco, aunque puede deberse a la inhalación de otras sustancias tóxicas, como químicos, polvo o contaminación ambiental. No es contagiosa y sus síntomas son:

  • Dificultad para respirar.
  • Presión en el pecho.
  • Sibilancias.
  • Tos frecuente con mucosidad.

Y, en casos graves hay que sumar:

  • Debilidad de los músculos inferiores (por debajo de los glúteos).
  • Pérdida de peso.
  • Piernas, tobillos y pies hinchados.

La tos, en enfermos de bronquitis crónica, puede durar meses, años o el resto de su vida.

 

Tratamientos para la bronquitis

 

Del mismo modo que la causa y los síntomas de la bronquitis varía si padecemos bronquitis aguda o crónica, el tratamiento también es diferente.

 

Bronquitis aguda

Es autolimitada y desaparece por sí sola, en menos de tres semanas. Aún y así, para paliar sus molestos síntomas podemos:

 

Bronquitis crónica

No tiene cura, pero sí existen tratamientos para aliviar sus síntomas o retrasar el progreso de la enfermedad:

  • Antibióticos: si hay sospecha de infección.
  • Broncodilatadores: para relajar las vías respiratorias y reducir la inflamación.
  • Estilo de vida saludable: dejar de fumar, hacer ejercicio físico regular y evitar lugares con ambientes tóxicos.
  • Oxigenoterapia: para bronquitis crónica severa.
  • Rehabilitación pulmonar: programas para mejorar la capacidad pulmonar y la calidad de vida del enfermo.
  • Trasplante de pulmón: último recurso para personas con síntomas severos y ausencia de recuperación con el resto de terapias.
  • Vacunarnos contra la gripe y la neumonía neumocócica.

 

Cuando un menor padece bronquitis, la recomendación es acudir al médico a que nos indique el tratamiento más adecuado a seguir, según su edad, su peso y si sigue o no algún otro tratamiento farmacológico.

 

Plantas medicinales para tratar la bronquitis

 

Si nos estamos preguntando qué plantas medicinales pueden ayudarnos a paliar los síntomas de la bronquitis, saber que existen múltiples opciones, entre las que destacamos:

  • Ajo: potente remedio para combatir infecciones respiratorias, aumenta nuestras defensas y tiene propiedades antibióticas, antiinflamatorias y expectorantes.
  • Cúrcuma: con acción antibronquial y antiinflamatoria.
  • Equinácea: antibiótico natural que nos ayuda a producir más glóbulos blancos.
  • Eucalipto: nos ayudará a expulsar las flemas acumuladas en el aparato respiratorio.
  • Genciana: Potencia la producción de glóbulos blancos y aumenta nuestras defensas, previniendo múltiples enfermedades del aparato respiratorio.
  • Jengibre: con propiedades antibióticas, expectorantes, antiinflamatorias y mucolíticas.
  • Menta: planta medicinal con propiedades expectorantes.
  • Regaliz: protege el hígado, es antitusivo y antiinflamatorio.
  • Tomillo: tiene propiedades antibióticas.

El uso de plantas medicinales con fines terapéuticos es un proceso de medicación que debe ir acompañado siempre por un profesional sanitario. Cada persona es diferente, aquello que funciona en una puede no funcionar en otra. Pregunta en la farmacia por la planta medicinal más adecuada a tus síntomas y tu situación particular, así como por la forma correcta de sacarle el mayor partido.

 

Gastroenteritis en niños, ¿cómo abordarla?

La gastritis y la gastroenteritis infantil son ambas trastornos del sistema digestivo, con síntomas parecidos. Pero no son la misma enfermedad, no tienen las mismas causas y su tratamiento varía.

Frente a una diarrea infantil aguda o vómitos que duren más de 24 horas, la recomendación es acudir de inmediato al médico, pues el niño/a podría sufrir una deshidratación realmente peligrosa para su salud.

 

¿Qué causa la gastroenteritis infantil y cómo se transmite?

 

La gastroenteritis infantil produce la inflamación de la capa mucosa que recubre todo el tubo digestivo y protege boca, garganta, esófago, intestino delgado, intestino grueso, recto y ano.

La causa de la  gastroenteritis infantil es, generalmente, la presencia de virus, parásitos o bacterias en el tubo digestivo de los niños . Pero también puede deberse a intoxicaciones por agua o alimentos contaminados, o por el uso de fármacos como: antiácidos, antibióticos, laxantes o tratamientos de quimioterapia, radioterapia, colchicina o digoxina.

 

Gastroenteritis infantil vírica

 

Los virus son la causa más frecuente de gastroenteritis infantil. Los más comunes son:

  • Norovirus: altamente contagioso y, por lo general, perjudica a niños entre seis y dieciocho meses. Los síntomas empiezan uno o dos días después del contagio, perdurando hasta tres días.
  • Rotavirus: virus contagioso y muy peligroso, que se transmite vía fecal-oral y provoca la mayor parte de las diarreas deshidratantes graves en niños de entre tres y quince meses. Los síntomas comienzan dos días después del contagio y pueden durar entre tres y ocho días. Actualmente, existe una vacuna contra el rotavirus para uso infantil.
  • Adenovirus: es contagioso y muy frecuente en niños de entre seis meses y dos años. Provoca infecciones respiratorias, por contagio persona a persona o al tocar un objeto contaminado, e infecciones del tracto intestinal, por contacto fecal-oral. Los síntomas suelen presentarse uno o dos días después de la infección y durar una o dos semanas aunque, si se trata de una infección respiratoria, pueden aparecer hasta catorce días después.
  • Astrovirus: es contagioso y frecuente en niños menores de cuatro años. Se contrae por vía fecal-oral pero también al ingerir alimentos o agua contaminada. Sus síntomas aparecen entre tres y cuatro días después del contagio y pueden durar entre uno y cuatro días.

Los síntomas de una gastroenteritis infantil por virus se caracterizan por una diarrea infantil líquida, sin presencia de moco o sangre en las heces, que puede conducir a una deshidratación grave. Otros síntomas son vómitos y, en ocasiones, fiebre, dolores musculares y cólicos abdominales.

 

Gastroenteritis infantil bacteriana

 

Las bacterias que causan gastroenteritis en niños se transmiten al tocar reptiles, aves o anfibios, estar en contacto con perros o gatos con diarrea, o tras ingerir alimentos y aguas contaminadas.

Los síntomas propios de una gastroenteritis infantil bacteriana son diarrea infantil sanguinolenta y fiebre, aunque puede conllevar cólicos abdominales, anemia grave o lesión renal aguda. Aparecen entre uno y tres días después de la infección, tienen un inicio brusco y suelen remitir por sí mismos, sin tratamiento, en uno o dos días. En ocasiones, se alargan catorce días e incluso meses. 

 

Gastroenteritis infantil parasitária

 

Los parásitos intestinales se dividen en dos grandes grupos: protozoos y gusanos. Infectan a los más pequeños mediante aguas contaminadas, alimentos infectados, por transmisión oral-fecal o a través de la piel.

Los síntomas de una gastroenteritis infantil parasitaria varían según el parásito y la resistencia del sistema inmune del pequeño/a. Pero, habitualmente conllevan diarrea infantil prolongada no sanguinolenta o intermitente, pérdida de peso y cansancio. Otros síntomas pueden ser: vómitos, cólicos abdominales, dificultad para dormir o picazón anal; pueden tardar dos semanas en aparecer y prolongarse hasta seis semanas.

 

¿Cuándo es peligrosa la gastroenteritis infantil?

 

La situación más grave de una gastroenteritis infantil es la deshidratación por la pérdida de líquidos, y requiere atención médica inmediata. Fijémonos en si: 

  • Llora sin echar lágrimas.
  • Tiene la boca seca.
  • El pipí es escaso.
  • Parece en estado de letargo.
  • Tiene los ojos hundidos.
  • La parte superior de la cabeza está blanda y hundida.

 

¿Cómo tratar la gastroenteritis en niños?

 

El uso de medicamentos para tratar una gastroenteritis en niños sólo se da en situaciones puntuales y siempre bajo supervisión médica.

Las recomendaciones de los profesionales sanitarios para combatir la gastroenteritis en niños, son:

  • Mantener al niño/a hidratado es lo principal, primando frecuencia sobre cantidad. Unos 100/170 ml de líquido por kilo de peso del menor, durante el transcurso del día.
  • Usar soluciones de rehidratación oral, de venta libre en farmacias, para ayudar al pequeño a mantenerse hidratado. 
  • Los bebés lactantes deben seguir amamantando, o tomando biberón, incluso aumentando la frecuencia de sus tomas.
  • Todos los niños deben continuar con su alimentación habitual, exceptuando lácteos, grasas, azúcares, cafeína, refrescos o zumos.
  • Los probióticos infantiles ayudarán al pequeño/a a fortalecer su flora intestinal y harán posible una recuperación más rápida. Pregunta al farmacéutico por la opción de probióticos infantiles de venta en farmacias más adecuada para su caso particular. 
  • No llevemos a los pequeños/as al cole ni a la guardería, hasta que los síntomas hayan desaparecido por completo.
  • Mantengamos hábitos de higiene saludables, lavándonos todos las manos antes de comer, después de ir al baño y al manipular alimentos. Y mantengamos desinfectadas las superficies susceptibles de albergar microorganismos infecciosos.

 

¿Qué es la demencia y cómo tratarla?

La demencia, o trastorno neurocognitivo mayor, no es una enfermedad específica sino un síndrome que conlleva el deterioro de nuestras funciones cognitivas.

El término ‘demencia senil’, por lo tanto, es un término erróneamente empleado. Pues, la demencia, puede afectar a personas de cualquier edad, y envejecer no implica que vayamos a padecer una demencia.

 

Causas de la demencia

 

La causa principal de la demencia es la destrucción del tejido cerebral, como resultado de lesiones, infecciones o enfermedades.

Esta circunstancia implica que las células del cerebro verán alteradas sus funciones y no podrán comunicarse normalmente entre ellas.

Algunas de las principales lesiones, enfermedades o infecciones que dan lugar a una demencia son: alzhéimer, demencias vasculares, demencia de los cuerpos de Lewy, esclerosis múltiple, correa de Huntington, párkinson, enfermedad de  Pick, VIH, tumores cerebrales, demencias metabólicas, traumatismos craneoencefálicos, hidrocefalia normotensiva, problemas de tiroides, deficiencias hormonales o vitamínicas, depresión, alcoholismo, consumo de drogas y algunos medicamentos.

 

Síntomas comunes de la demencia

 

Los síntomas de demencia variarán según la parte del cerebro a la que afecte y el estadio en que se encuentre la demencia.

Pero, con el paso del tiempo, el deterioro de las funciones cerebrales se iguala en todos los casos, apareciendo síntomas comunes, como:

  • Pérdida de memoria.
  • Trastornos en el lenguaje y la comunicación.
  • Problemas para seguir hilos argumentales, concentrarse y prestar atención.
  • Dificultades para realizar tareas sencillas o habituales.
  • Deficiencias en los cálculos o la contabilidad doméstica.
  • Apuros para adaptarse a cambios y lugares desconocidos.
  • Desorientación temporal y espacial.
  • Repetición de acciones.
  • Trastornos del sueño.
  • Modificaciones de los hábitos de alimentación.
  • Abandono del aseo personal.
  • Problemas para controlar los esfínteres.
  • Síntomas de enfermedades psiquiátricas.
  • Comportamientos inadecuados.
  • Cambios de humor.

 

Demencia, tratamiento

 

Debemos comprender que la mayor parte de demencias no tienen cura.

Pero hay casos que se pueden tratar e incluso prevenir.

Los profesionales sanitarios han identificado estilos de vida saludables que ayudan a retrasar la destrucción de las células cerebrales. Entre ellos, encontramos:

  • Llevar un seguimiento exhaustivo de nuestras enfermedades: controlar los síntomas de nuestras enfermedades podría prevenir la demencia.
  • Dejar de fumar: impide que las células del cerebro realicen un intercambio adecuado de oxígeno. En la farmacia encontraremos varios medicamentos para dejar de fumar, consulta al farmacéutico.
  • Abandonar el alcohol y las drogas.
  • Controlar el colesterol: un colesterol alto incrementa el riesgo de lesión cerebrovascular. En la farmacia ofrecen un servicio de control del colesterol rápido y profesional, consulta al farmacéutico
  • Vigilar la presión arterialla hipertensión fomenta coágulos sanguíneos en las arterias que van al cerebro. Puedes comprar un tensiómetro, para comprobar tu presión arterial, o servirte de los servicios profesionales que ofrecen en la farmacia.
  • Supervisar los niveles de azúcar: un nivel de glucosa demasiado bajo impide al cerebro trabajar correctamente. Puedes controlar tu nivel de azúcar de forma rápida y profesional en la farmacia, consulta al farmacéutico.
  • El ejercicio físico ayuda a las células cerebrales a aumentar su flujo en sangre y su oxígeno.
  • La alimentación: nuestra salud cardíaca está directamente relacionada con la llegada de alimento y oxígeno al cerebro. Las proteínas, las vitaminas y los ácidos grasos son fundamentales para la salud cerebral. Una alimentación equilibrada y saludable protegerá nuestras funciones cerebrales.
  • Complementos nutricionales: el magnesio mejora la memoria y el aprendizaje, la vitamina B12 fomenta la salud de las células nerviosas y los glóbulos rojos, la vitamina K protege las funciones cognitivas, los antioxidantes combaten el daño oxidativo y la vitamina D disminuye el riesgo de padecer alzhéimer.
  • Plantas medicinales: la curcumina tiene propiedades neuroprotectoras que disminuyen el deterioro cognitivo, el ginseng mejora la memoria y el ginkgo biloba mejora la circulación sanguínea del cerebro y ayuda en el tratamiento de desordenes psiquiátricos.
  • Precauciones de seguridad: para evitar, en la mediad de lo posible, lesiones cerebrales ocasionadas por caídas, accidentes o agresiones.
  • La interacción social mitiga la agitación y otros indicios neuropsiquiátricos de demencia.
  • Disminuir el estrés: situaciones continuas de estrés dañan nuestro hipocampo.
  • Descansar bien: el líquido que circula por el cerebro trascurre en mayor cantidad cuando dormimos, eliminando los productos de desecho. La aglomeración de algunos de estos desechos causa enfermedades como: alzhéimer, párkinson, arteriosclerosis, diabetes, etc…
  • Controlar los fármacos: el consumo prolongado de algunos fármacos propicia la demencia. Consulta a tu médico o farmacéutico sobre los tratamientos farmacológicos que estés siguiendo.
  • El entrenamiento intelectualla musicoterapia y las terapias artísticas ayudan a sobrellevar los síntomas de demencia, e incluso a retrasarlos.

Actualmente, la medicina utiliza algunos fármacos para mejorar la calidad de vida y prolongar la independencia de algunas personas con demencia.

Estos medicamentos, que deben ser prescritos y supervisados por un médico, no curan la demencia, pero alivian sus síntomas y retrasan su avance.

Protección solar para una piel adulta

A muchos puede resultarnos engorroso e incómodo usar protección solar por numerosos motivos: hay que comprarla, cargar con ella, es pegajosa, tiene un olor particular y hay que reaplicarla cada dos horas.

Pero la protección solar en adultos es esencial, tanto para prevenir enfermedades como para gozar de una piel sana y bonita.

 

Tipos de protectores solares para adultos

 

El factor principal a tener en cuenta, a la hora de escoger un protector solar, es nuestro grado de tolerancia a las radiaciones ultravioletas (UVA y UVB).

Un factor de protección solar (SPF) indica la relación existente entre el tiempo que tardamos en quemarnos cuando usamos protección solar y cuando no la usamos.

Por ejemplo, un factor de protección solar 15 quiere decir que nuestra piel reaccionará, tras quince minutos al sol, igual que si hubiéramos estado un minuto sin protección solar.

Según nuestra tolerancia a las radiaciones solares, los diferentes tipos de piel se clasifican por fototipos:

Fototipo 1: piel muy clara y sensible, que nunca se broncea y se quema con facilidad. La recomendación es un factor de protección solar extremo, FP 60.

Fototipo 2: piel clara, que se quema con facilidad, pero se broncea ligeramente. La recomendación es un factor de protección solar por encima de 30.

Fototipo 3 y 4: piel mediterránea, que se quema ocasionalmente y se broncea con facilidad y gradualmente. La recomendación es un factor de protección solar por encima de 15.

Fototipo 5: piel morena, que raramente se quema y adquiere un bronceado muy intenso. La recomendación es un factor de protección solar por encima de 6.

Fototipo 6: piel negra, que nunca se quema ni se oscurece al sol. La recomendación es un factor de protección solar entre 2 y 6.

Un protector solar de alto espectro (broad-spectrum), que haya demostrado proteger contra rayos UVA+UVB y contener un factor de protección solar mayor de 15, puede llevar una etiqueta afirmando que ayuda a proteger contra el cáncer de piel y el fotoenvejecimiento cutáneo prematuro.

Pero no existe ningún protector solar que ofrezca protección total. De hecho, los protectores solares con un FPS menor de 15 deberían indicar en su etiqueta que sólo ayudan a prevenir quemaduras solares.

Colocarnos a la sombra es siempre la mejor opción, pues nos permite absorber radiaciones solares, sin exponernos a los peligros de una radiación directa.

 

Consejos para una exposición solar responsable

 

Algunos aspectos importantes a tener en cuenta, antes de una exposición prolongada a las radiaciones solares, son:

  • Usar un protector solar extremo no significa que podamos tomar el sol más tiempo sin reaplicarlo. El protector solar debe aplicarse, al menos, cada dos horas; sea del factor que sea.
  • Si sudamos, o nos metemos en el agua con el protector solar puesto, éste pierde su eficacia y necesitaremos aplicarlo más veces.
  • Los protectores solares tienen una caducidad aproximada de dos a tres años. Hay que agitarlos siempre, para mezclar sus ingredientes, y evitar guardarlos en lugares expuestos a altas temperaturas.
  • Según si nuestra piel es grasa, mixta, seca o sufrimos algún tipo de alergia cutánea o enfermedad de la piel necesitaremos un protector específico, ya sea en crema, gel, loción o espray. Consulta con el farmacéutico la mejor alternativa para tu tipo de piel.
  • Usemos productos hidratantes o aftersun, para ayudar a nuestra piel a regenerarse tras largos períodos de exposición directa a las radiaciones solares.
  • Si vamos a usar repelente de insectos, primero se aplica el protector solar y después el repelente.
  • En la montaña, al encontrarnos a mayor altitud, necesitaremos una protección solar mayor y reaplicarlo con mayor asiduidad.
  • Tomemos conciencia de la necesidad de enseñar a niños y adolescentes los comportamientos de protección solar necesarios para protegerse contra posibles enfermedades.

Con diez o veinte minutos al día en verano, y hora y media en invierno, será suficiente para sintetizar la vitamina D que necesita nuestro organismo y adquirir la cantidad de radiación solar beneficiosa para nuestra salud.

Exposiciones superiores, y sin métodos de protección solar adecuados, pueden acarrearnos consecuencias nefastas, induciendo al organismo a crear radicales libres que alterarán el correcto funcionamiento de la melanina y favorecerán su degradación.

 

Protección solar para niños y adolescentes

Los efectos dañinos de las radiaciones ultravioletas (UVA y UVB) son acumulativos e irreversibles. Esta es el principal motivo de la importancia de educar a niños y adolescentes sobre la necesidad de usar protección solar.

Entre un 50 y un 80% de los efectos perjudiciales de la radiación solar se adquieren durante la infancia y la adolescencia.

Al acortar el tiempo de exposición de los niños a las radiaciones solares, disminuimos la posibilidad de que padezcan: cáncer de piel, queratosis actínicas, porfiria, lupus, xeroderma pigmentoso u otras enfermedades asociadas a las radiaciones solares que podrían acabar padeciendo en su edad adulta.

 

Tipos de protectores solares para niños

 

Somos los adultos los encargados de enseñar a los niños y adolescentes los comportamientos de protección solar necesarios para eludir enfermedades muy perjudiciales para su salud.

La piel de los recién nacidos tiene un elevado suministro de sangre, una gran hidratación en su capa más superficial, una menor capacidad de síntesis de melanina y una mayor superficie cutánea relativa (que facilita la absorción de sustancias a través de la piel).

No se recomienda la aplicación de protección solar a menores de seis meses. La recomendación para ellos es no exponerlos directamente a las radiaciones solares, sino vestirles con ropa protectora, gorros adecuados y ubicarlos siempre bajo una sombrilla.

Entre los seis meses y los tres años ya podemos comenzar a aplicarles su primera protección solar, aunque limitando su tiempo de exposición a las radiaciones solares.

En esta edad, son recomendables los protectores solares de línea infantil y de amplio espectro, con factor de protección mayor de 50, inorgánicos (protección UVA y UVB), resistentes al agua, sin perfumes y con fórmulas calmantes que incluyan camomila. Y combinarlos con camisetas, sombreros y gafas protectoras homologadas.

A partir de los tres años, la piel de los niños empieza a tolerar mejor el sol. Pero, entre los tres y los seis años, debemos seguir aplicándoles los mismos criterios de protección solar que a los niños de entre seis meses y tres años.

A partir de los seis años, los niños ya pueden usar las mismas cremas solares que los adultos, aunque lo ideal son factores de protección superiores a 30. E, igual que en los adultos, hay que escoger su crema solar teniendo en cuenta su tipo de piel.

La protección solar no será efectiva si no la aplicamos de forma correcta:

  • Veinte minutos antes de la exposición, incluso en días nublados.
  • Reaplicarla cada dos horas (si el niño se baña o suda, la reaplicación ha de ser más frecuente).
  • Extender bien la crema, con especial atención en aquellas zonas más expuestas a la radiación solar.

 

Consejos sobre la exposición solar en niños y adolescentes

 

Tengamos en cuenta que, durante la infancia, los niños realizan muchas actividades al aire libre y reciben el triple de radiación solar que los adultos.

Es imperativo que eviten exponerse durante los períodos centrales del día (entre las 12h am y las 16h pm), que cubran con ropa la mayor parte del cuerpo posible, escogiendo telas como nailon, lana, seda o poliéster, y echen mano de otros protectores solares como: gorras, sombreros o gafas de sol homologadas.

Considerar siempre que la radiación solar depende, directamente, de factores como: la estación del año, los materiales reflectantes (la nieve, el agua o la arena, entre otros) y la contaminación.

Hoy en día, asociamos el ‘estar moreno’ con la belleza, y esto lleva a los más jóvenes a actuar imprudentemente en relación a los peligros de exponerse a radiaciones solares, tanto al aire libre como a mediante el uso inadecuado de cabinas de bronceado.

Los más jóvenes no son conscientes de los riesgos que conlleva una exposición prolongada a las radiaciones solares, y esto implica que los adultos somos los responsables de enseñarles con el ejemplo.

Todas las prácticas saludables, que eviten o minimicen la exposición de los niños a las radiaciones solares, deben comenzar lo antes posible, para que ellos lo interioricen y lo incorporen, de manera natural, a sus rutinas diarias.

 

Hidratar la piel después de exponerla al sol

Hidratar la piel es importante, siempre. Pero, al exponerla a las radiaciones solares, especialmente durante largos períodos de tiempo, lo es aún más.

Una piel sana necesita agua, tanto en su capa menos profunda (epidermis) como en su capa inmediatamente inferior (dermis). Cuando nuestra piel mantiene unos niveles de agua adecuados, su correcta elasticidad y función protectora hacen que presente un aspecto bonito y saludable.

Al contrario, cuando nuestra piel no está lo suficientemente hidratada, se torna frágil, áspera y más propensa a sufrir daños.

Las radiaciones solares y la falta de agua son los dos principales enemigos de nuestra piel, suponen la descomposición de su colágeno y de su elastina, y la consecuente aparición de arrugas y escamas.

La hidratación de la piel, por lo tanto, es fundamental para mantenerla joven y sana.

 

¿Qué debo usar para hidratar la piel? ¿crema hidratante o aftersun?

 

Existen varias formas de hidratar la piel después de exponerla a las radiaciones solares.

Lo primero que aconsejan los profesionales sanitarios es darnos una ducha con agua tibia o fresca y geles sin sulfatos, con pH ácido menor de 5.5 y sin perfumes, con el objetivo de calmarla.

Después, realizar una limpieza de cutis con agua micelar, tónico, bruma hidratante o agua celular, que eliminará cualquier resto de crema, sal o cloro, y ayudará a nuestra piel a relajarse tras horas de exposición.

No exfolies tu piel después de haberla expuesto a radiaciones ultravioleta, podrías agravar el problema.

Una vez limpia, llega el momento de hidratar la piel y devolverle toda el agua perdida, prolongando su bronceado. En este punto, llega el momento de escoger entre crema hidratante o aftersun.

Si la exposición a las radiaciones ha sido indirecta y de corta duración, optemos por cremas hidratantes con inositol, tirosina o psoraleno; si dejamos la crema en la nevera durante un minuto, la sensación refrescante será mayor.

Si hemos permanecido un largo período de tiempo expuestos directamente a las radiaciones solares, lo más apropiado es aplicar una cantidad generosa de aftresun por todo el cuerpo, para desinflamar y aliviar el ardor.

El aftersun incluye antirradicales libres y calmantes que reparan, rehidratan y fortalecen la piel, mediante componentes reparadores y calmantes como: menta, caléndula, aloe vera, d-pantenol (vitamina b5) o alfa-bisabolol (manzanilla).

Si nos hemos quemado, a parte de los pasos mencionados, es conveniente extender un poco de aloe vera (en extracto o loción) o crema de urea, directamente en la zona afectada.

 

Otros productos para el cuidado de la piel

 

Además de cremas y geles de protección solar, o lociones y cremas aftersun, existen otros productos para el cuidado de la piel.

El primero es el agua. Beber dos litros de agua al día es imprescindible para mantener una correcta hidratación, tanto de la piel como de nuestro organismo.

También existen alimentos ricos en vitamina E que pueden ayudarnos a cuidar la piel después de una exposición prolongada a radiaciones solares, como: verdura de hoja verde, frutos rojos, frutos secos, semillas, la granada, el té verde o la soja.

Los fotoprotectores orales son pastillas que defienden nuestra piel de los rayos ultravioleta, usando plantas medicinales antioxidantes y estimuladoras de los mecanismos de reparación cutánea.

Estas pastillas no deben usarse como sustitutivo a los protectores solares, sino como complemento, y suelen usarlo grupos de personas que están dentro de la población de alto riesgo, por su crítica exposición a las radiaciones solares.

Para culminar nuestra rutina de cuidado de la piel, tenemos a nuestra disposición mascarillas y sérum con vitamina C, que tienen propiedades iluminadoras, de formación de colágeno y de protección contra la formación de radicales libres.

Y, si nos preguntamos cómo protegernos contra las radiaciones solares si hemos de utilizar maquillaje a diario, los cosméticos fotoprotectores son la solución perfecta. En la farmacia encontrarás cremas humectantes, lápices de labios y bases de maquillaje con protección solar incluida.

Finalmente, con el objeto de conseguir un cuidado integral contra los efectos nocivos de las radiaciones solares, no olvidemos los protectores solares para el pelo. Claves para impedir el paso de la radiación ultravioleta a nuestro cuero cabelludo, prevenirnos contra enfermedades perjudiciales y para evitar la reducción de la solidez de nuestro pelo y su consecuente decoloración.

 

Diferencias entre durezas y callos

La hiperqueratosis se conoce popularmente como ‘durezas’, y es un episodio físico adaptativo de nuestro organismo, cuando crea células queratinizadas de más para engrosar la piel y reforzar su resistencia.

Aunque sea molesta, la hiperqueratosis es indolora y tiene un propósito de protección. Para identificarla debemos reconocer:

  • Una zona superficial de la piel endurecida, sin bordes definidos y que no duele.
  • Su color es amarillento (por el cúmulo de queratina).
  • Tiene una textura áspera y especialmente seca.

La hiperqueratosis (‘durezas’), puede aparecer en forma de helomas (conocidos comúnmente como ‘callos’) o en forma de verrugas benignas.

Cuando se producen roces repetidos en una zona concreta de nuestro cuerpo, o una presión permanente, ocurre un desplazamiento de la piel que aumenta sus células muertas y descamadas. Esta dolencia se conoce popularmente como ‘callo’, y su nombre científico es heloma.

Un heloma o ‘callo’ lo reconocemos porque:

  • Tienen una forma redonda y con bordes definidos.
  • Crecen hacia las capas profundas de la piel.
  • Son de color oscuro y cubiertos por células de color amarillento (durezas).
  • Suelen ser dolorosos y molestos.

E incluye diversos tipos:

  • Heloma duro: entre las falanges o en las yemas de los dedos.
  • Callo blando: en los espacios anatómicos entre los dedos.
  • Heloma plantar: en la planta del pie.
  • Clavo seco: son múltiples lesiones hiperqueratósicas, de 1 a 3 milímetros, que aperen en zonas sin carga o presión.
  • Heloma neurofibroso: tiene aspecto verrugoide y aparece en zonas de mayor presión, por fricción de los huesos de los dedos.
  • Helomas subungueales y periungueal: en las zonas de piel que protegen los bordes de las uñas o en la zona epidérmica que une el dedo con la uña.
  • Heloma vascular hemorrágico: hemorragias que se extienden a través de las capas más externas de la epidermis.

 

Tratamiento de durezas y callos

 

Cada patología necesita su propio tratamiento, curarlas con el mismo método puede empeorar la situación.

Lo idóneo es acudir al podólogo y que sea él/ella quien determine el tipo de lesión que padecemos y el tratamiento más adecuado.

No recortemos nosotros durezas ni callos, pues podemos pasarnos o cortar de forma inadecuada, agravando el problema.

La hiperqueratosis y los helomas (‘durezas’ y ‘callos’), si no se complican, comparten tratamiento (no quirúrgico) y prevención.

Un buen hábito de higiene podal es imprescindible en el tratamiento de durezas y callos. Lavar y secar bien nuestros pies fortalecerá la piel y evitará lesiones.

Una correcta hidratación prevendrá y frenará la aparición de durezas y callos. Es imprescindible que utilicemos productos hidratantes, que aumenten la humedad de la zona lesionada y deshagan los bultos de queratina.

En la farmacia encontraremos queratolíticos tópicos (o callicidas), que llevan a cabo la desnaturalización de la queratina y destrucción del tejido. El más útil es el ácido salicílico, y algunas formulaciones llevan también colodión para recubrir la dureza y que mantenga contacto permanente con la lesión. Es importante que, antes de hacer uso de estos tópicos, confirmes su conveniencia con un profesional sanitario.

También existen fórmulas magistrales o preparados tópicos queratolíticos a medida, que suelen elaborarse con vaselina, ácido acético y acido salicílico. Consulta en la farmacia la disponibilidad de estos preparados.

En la farmacia, también podremos encontrar piedra pómez, con la que exfoliaremos la parte superficial de la piel de durezas y callos.

Los podólogos utilizan un tratamiento indoloro denominado Quiropodia, consistente en deslaminar las durezas para eliminar la acumulación de células muertas.

Un estudio biomecánico de la marcha nos dará a conocer nuestros puntos de mayor presión al caminar. Y, con el resultado, podremos comprar plantillas personalizadas que nos quiten peso en esas zonas concretas.

 

Aliviar la hiperqueratosis y los callos en los pies

 

Para prevenir o aliviar los síntomas de la hiperqueratosis y los callos en los pies:

  • Usemos un calzado cómodo, elástico, ajustado a la talla y forma de nuestro pie, traspirable, cuya suela y plantilla sea relativamente blanda, que nos aísle del suelo que pisamos y, si usamos tacón, que su altura y anchura se ajuste al peso de nuestro cuerpo.
  • Calcetines que protejan nuestros pies de las rozaduras (preferiblemente de algodón).
  • Cuidemos nuestra postura al caminar, tocar un instrumento, etc…
  • Reduzcamos o eliminemos la presión sobre la zona afectada.
  • Si padecemos deformaciones estructurales, es conveniente usar almohadillas, anillos, parches o vendajes protectores de gomaespuma y, en ocasiones, arcos, placas o barras metatarsianas.
  • Con problemas biomecánicos, es más adecuado el uso de ortesis funcionales.
  • Si somos reumáticos o diabéticos, habrá que usar materiales adaptados a cada persona individualmente.

 

Consejos para eliminar el olor de pies

El mal olor de pies se conoce, científicamente, como bromhidrosis, y es el resultado de la descomposición del sudor (glándulas sudoríparas) y los residuos celulares, por las bacterias y hongos de la piel.

Estos microorganismos (bacterias, hongos y parásitos) que habitan en nuestros pies, se multiplican con el sudor y se alimentan de las células de piel muerta y los aceites de la piel.

Con el incremento de las colonias de bacterias, también crecen sus desechos, que son los ácidos grasos que provocan que nos huelan mal los pies.

 

Cómo eliminar el mal olor de pies

 

Aunque la sudoración de los pies es algo natural y necesario para el correcto funcionamiento del organismo, podemos adoptar algunas precauciones para eliminar el mal olor de pies.

Los podólogos aconsejan usar calcetines de algodón o lana, y cambiarlos a diariamente por unos limpios; incluso a lo largo del día, si hacemos ejercicio o nos sudan mucho los pies.

Los calcetines y los zapatos tienen que estar fabricados en material traspirable. Y los zapatos, además, han de adaptarse a la talla de nuestros pies.

También podemos dejar que los zapatos usados se aireen durante un par de días, antes de volverlos a usar. Una buena opción, para eliminar el mal olor de pies, es dejarlos al sol, de esta forma se airean y desinfectan al mismo tiempo.

O, podemos utilizar spray desinfectante para matar las bacterias que puedan quedar dentro de nuestros zapatos.

Lavar los zapatos y las plantillas con regularidad, también nos servirá para eliminar el mal olor de pies y acabar con los hongos en los pies y las bacterias.

En cuanto a la higiene, la recomendación es lavarnos los pies cada día, en agua tibia y con un jabón antimicrobiano o de pH ácido (podemos añadir una cucharada de bicarbonato de sodio al agua para ayudar a eliminar las bacterias).

Una vez limpios, es importante secarlos bien, sin olvidar los huecos entre los dedos. Y no compartir toallas, zapatos ni esponjas con otras personas.

Es primordial hacer uso de chanclas en los vestuarios públicos, para prevenir infectarnos con los hongos de los pies de otra persona o infectar nosotros a los demás.

Si, aun usando estas medidas preventivas, persiste el mal olor de pies, igual puedes echar mano de polvos de talco o plantillas para combatir el olor de pies.

 

¿Por qué nos huelen los pies?

 

El mal olor de pies puede deberse a múltiples causas, vamos a citar algunas:

  • Problemas del metabolismo (tiroides, glándula suprarrenal o glándulas apocrinas).
  • El tratamiento con algunos medicamentos, como los antidepresivos.
  • Una sudoración excesiva.
  • Una rutina de higiene inadecuada.
  • Cambios hormonales propios de la pubertad, la adolescencia o la menopausia.
  • Determinados alimentos, como la cebolla, el ajo y especias como el curry, el comino o los picantes.
  • El estrés y la ansiedad.
  • Infecciones en los pies, como el pie de atleta.
  • El uso de calzado o calcetines inadecuados.
  • Enfermedades renales o hepáticas.
  • La ingesta de alcohol o tabaco.

Hay que tener en cuenta, que el olor de pies es natural y que puede tratarse de algo transitorio. Pero, si te hace sentir incómodo/a, te provoca inseguridad o va acompañado de infecciones, no dudes en hablar con un podólogo; mediante un cultivo, determinará el tratamiento más adecuado para tu caso particular.

 

Evitar y tratar los calambres musculares

Los calambres son contracciones repentinas e involuntarias de los músculos, causan un dolor intenso y, aunque no suponen un trastorno grave, pueden imposibilitar el uso de la musculatura afectada.
Cualquier persona puede ser víctima de un calambre y pueden surgir en cualquier parte del cuerpo, desde los dedos de los pies hasta los músculos del cuello.

 

Evitar los calambres musculares

 

Dos de los principales métodos para evitar los calambres están relacionados con nuestra dieta diaria: beber dos litros de agua al día y, adicionalmente, antes, durante y después de hacer ejercicio, y procurarnos una dieta rica en potasio, calcio, magnesio y vitamina B, nos ayudará a prevenirlos.
Si no podemos consumir las cantidades adecuadas de potasio, calcio, magnesio y vitamina B, podemos recurrir a suplementos o complementos alimenticios, de venta libre en farmacias.
Hacer ejercicios de calentamiento siempre, y en períodos de tiempo largos, para que nuestro cuerpo se adapte a la actividad física, (antes y después de realizar ejercicio), es uno de los sistemas más eficaces para evitar los molestos calambres musculares. Los ejercicios de estiramiento, diez o veinte minutos antes de acostarnos, también nos ayudarán a evitar calambres nocturnos.
Llevar un equipamiento adecuado para practicar deporte y usar un calzado cómodo y conveniente en el día a día, también es muy útil para evitar los calambres.
Cuando nuestro calzado nos dificulta caminar correctamente, acudamos a la farmacia a que nos recomienden plantillas para favorecer una postura adecuada al andar y mayor comodidad en cada paso que demos.
Otro modo es dormir de lado, con las rodillas dobladas y sin que mantas o sábanas ejerzan presión sobre nuestro cuerpo.
Finalmente, consultemos con el médico por si alguno de los medicamentos que tomamos pudiera ser el causante de nuestros calambres permanentes.

 

Tratar un calambre muscular

 

La mayor parte de las terapias para tratar los síntomas de los calambres musculares, son tratamientos de autocuidado, pero también existen productos farmacéuticos muy prácticos.
Por un lado, los antiinflamatorios en crema, que aplicaremos empleando un automasaje que nos estire el músculo afectado todo lo posible.
También nos funcionarán los analgésicos de venta libre, siempre previa consulta al farmacéutico sobre la conveniencia y metodología de uso del analgésico, y las posibles interacciones con otros medicamentos que estemos tomando.
Otro excelente método para tratar los calambres musculares son las terapias de contraste, consistentes en la aplicación de frío/calor directamente en la zona afectada.
Los productos de aplicación directa de frío calor, se venden en distintos formatos: mantas o almohadillas, bolsas, compresas reutilizables, spray o telas elásticas ajustables.
Primeramente, aplicamos calor en la zona afectada durante tres minutos, e inmediatamente después, aplicamos la bolsa de frío durante otros tres minutos.
Las terapias de autocuidado para tratar los síntomas de un calambre muscular consisten en estiramientos y masajes. El objetivo es estirar con cuidado el músculo afectado y mantener la postura hasta que el calambre cese.
Si el calambre es en los cuádriceps y gemelos, en posición vertical, levantamos el tobillo hacia las nalgas y movemos la parte superior del pie y el talón, estirándolo suavemente todo lo posible.
Para los calambres en los isquiotibiales y gemelos, nos sentamos y estiramos la pierna, sin flexionar la rodilla, inclinándonos hacia adelante hasta tocarnos el pie y lo estiramos suavemente hacia nosotros.
Para estirar los músculos del cuello, en posición vertical, ponemos las manos tras la cabeza y bajamos la barbilla hacia el pecho veinte segundos. También podemos girar la cabeza a derecha e izquierda.
En cuanto a los brazos, con la espalda recta y la vista al frente, levantamos el brazo y lo colocamos detrás de la cabeza, empujándolo suavemente con la otra mano hacia abajo quince segundos.
Caminar y los masajes estirando el músculo todo lo posible, también son un método muy eficaz para tratar los calambres musculares.

 

¿Por qué sufrimos calambres musculares?

 

No existe una resolución científica sobre el motivo por el que aparecen los calambres musculares, aunque la gran mayoría de profesionales de la salud coincide en que hay escenarios que los favorecen, como:

• Niveles inadecuados de potasio, magnesio, calcio y vitaminas del grupo B.
• La deshidratación y consecuente pérdida de electrolitos y sales minerales.
• La hiperexcitación de los nervios que motivan a los músculos.
• El uso excesivo de algún músculo.
• La tensión muscular.
• Mantener la misma posición durante un período prolongado de tiempo.
• La compresión de las arterias que llevan sangre a las piernas.
• El aplastamiento de los nervios de la espina dorsal.
• Algunos medicamentos, como antihipertensivos, broncodilatadores o fármacos para el colesterol, entre otros.
• El embarazo.

Por otro lado, está demostrado que determinados trastornos de la salud nos llevan a sufrir calambres de forma reiterada, como la mala circulación, la diabetes tipo 2, la esclerosis múltiple, el hipertiroidismo o los trastornos hepáticos.

 

8 Medicamentos para dejar de fumar

Tanto un médico como un farmacéutico pueden ponernos al corriente sobre los diferentes medicamentos para dejar de fumar de venta en farmacias y la mejor manera de utilizarlos.

Actualmente, en España existen ocho tratamientos para dejar de fumar. Cuatro de ellos son medicamentos sin receta para dejar de fumar y los cuatro restantes, pastillas para dejar de fumar que requieren de receta médica poder adquirirlos en la farmacia.

 

Medicamentos sin receta para dejar de fumar

 

Los medicamentos sin receta para dejar de fumar se incluyen dentro de los tratamientos de reemplazo de la nicotina (TRN) y son productos que proporcionan nicotina de manera regular, reduciendo la dosis poco a poco, minimizando los síntomas de abstinencia y ayudando al paciente a mitigar la dependencia.

 

Chicles de nicotina

Liberan nicotina al masticarlos. No deben masticarse continuamente, sino morderlo lentamente y colocarlo entre la mejilla y la encía cuando no se esté masticando. A los treinta minutos hay que tirarlo. Se puede tomar un chicle cada 1 o 2 horas, hasta un máximo de veinticuatro chicles al día.

El tratamiento dura entre ocho y doce semanas, en las que iremos reduciendo el consumo de manera gradual.

 

Parches de nicotina

Expulsan nicotina a través de nuestra piel. Es recomendable colocarlos siempre a la misma hora, una vez al día y en una zona sin pelo, entre la cintura y el cuello.

Los hay de 24 y de 16 horas (hay que llevarlo mientras estemos despiertos) y el período del tratamiento está entre las ocho y las doce semanas, reduciendo el consumo de manera gradual.

 

Pastillas de nicotina

Desprenden nicotina al disolverse en la boca, y no deben tragarse ni masticarse. Se colocan entre la mejilla y la encía, y se succiona hasta que desprenda su sabor.

El consumo es a demanda, con un máximo de treinta pastillas al día y una duración máxima de doce semanas, reduciendo el consumo de manera gradual.

 

Spray bucal de nicotina

Trabajan mediante la pulverización de nicotina debajo de la lengua (sublingual), sin tragar saliva ni inhalar su contenido (no debe entrar al tracto respiratorio).

La dosis máxima recomendada es de cuatro pulverizaciones al día y el período de tratamiento es de dos a tres meses, reduciendo la dosis periódicamente.

 

Estos medicamentos para dejar de fumar requieren que el paciente deje de fumar mientras los use, no superar el tiempo señalado para el tratamiento y no combinar a la vez chicles, parches y comprimidos para chupar.

Lo más adecuado es consultar con un profesional sanitario antes de consumir cualquiera de estos medicamentos sin receta para dejar de fumar, y asesorarnos sobre la mejor alternativa para nuestro caso particular.

 

Medicamentos con receta para dejar de fumar

 

Los medicamentos con receta para dejar de fumar, son pastillas para dejar de fumar que no contienen nicotina y exigen un seguimiento médico.

 

Bupropión

Pastillas para dejar de fumar que disminuyen las ansias de consumir tabaco y reducen el síndrome de abstinencia. Actualmente, es la única pastilla para dejar de fumar financiada por la seguridad social.

Requieren dejar de fumar durante la primera semana de tratamiento, que durará entre siete y doce semanas.

 

Citisina

Pastilla para dejar de fumar de reciente comercialización en España, cuyo principio activo es un alcaloide vegetal extraído de las semillas de un árbol del género Cytisus laburnum.

Reduce y bloquea los síntomas del síndrome de abstinencia, evitando recaídas e incluso la sensación de satisfacción al fumar.

El tratamiento dura veinticinco días, comenzando con seis pastillas diarias y reduciéndolas gradualmente.

 

Nortriptilina y Clonidina, se utilizan cuando los medicamentos de primera línea no funcionan.

Varencilina, retirada del mercado el pasado 2021 por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS).

  

Factores a tener en cuenta para dejar de fumar

 

Dejar de fumar no es fácil, sólo un 5% aproximado de las personas que lo intentan, lo consiguen.

Seamos conscientes de que las terapias para dejar de fumar no garantizan, por sí solas, que vayamos a dejarlo para siempre.

Si realmente quieres dejar de fumar definitivamente es imprescindible la intervención de tu fuerza de voluntad, tu determinación, el asesoramiento de un profesional sanitario y, probablemente, el apoyo de pastillas junto a algún otro tratamiento de reemplazo de la nicotina (TRN).

Cualquier adulto, excepto mujeres embarazadas o en período de lactancia y adolescentes, puede utilizar los distintos medicamentos para dejar de fumar disponibles actualmente en el mercado.