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¿Sufres alergia? ¡Los mejores consejos!

Una alergia es una reacción de nuestro sistema inmune, en respuesta a algo que se detecta como extraño al cuerpo. Nuestro organismo dispara mecanismos de defensa para bloquear al alergeno, lo que provoca una serie de síntomas.

¿QUÉ PRODUCE UNA ALERGIA?

Las sustancias más comunes que suelen causar esta reacción son:

  • Polen: el principal causante de alergias estacionales.
  • Esporas de moho: relacionadas con alergias en personas que viven en viviendas con alto grado de humedad.
  • Ácaros del polvo
  • Epitelio de animales
  • Algunos alimentos
  • Medicamentos
  • Picaduras de insectos

¿CUALES SON LOS SÍNTOMAS?

Los síntomas asociados a una reacción alérgica pueden ser muy diferentes en función del órgano que afecte, vías respiratorias, piel, aparato digestivo. Así encontramos, la congestión nasal, picor de nariz, estornudo, picor de ojos con o sin lagrimeo, tos, urticaria, erupción cutánea, picor, hinchazón de boca y rostro, edema o hasta una reacción anafiláctica grave.

Las reacciones alérgicas más conocidas son:

Rinitis alérgica: Los alergenos ingresan por vía respiratoria. Cursa con inflamación de la mucosa nasal, lo que provoca picor, estornudos y congestión. A diferencia de los resfriados, suele durar más tiempo.

Alergia alimentaria: Los alimentos más alergénicos son: huevos, pescado, cacahuete, marisco, soja, nueces, trigo, leche. Y los síntomas asociados son muy variados, desde una simple urticaria hasta un edema en boca y garganta que puede complicarse seriamente.

Alergia a medicamentos: suele producir una reacción bastante agresiva. Puede estar producida por el medicamento o por algún excipiente.

Picadura de insectos: la reacción se produce por la inoculación del alergeno tras la picadura del insecto.

¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO?

Una reacción alérgica normalmente se trata con:

  • Antihistamínicos orales y/o tópicos
  • Descongestivos nasales
  • Corticoides

También, y siempre bajo criterio médico, se pueden recetar vacunas específicas.

Cuando estamos ante un proceso alérgico, además del tratamiento farmacológico, hay ciertos hábitos que pueden ayudarnos.

Si se trata de una alergia al polen hay que evitar las actividades al aire libre o usar mascarilla. Cerrar las ventanas. Y si es necesario, usar un acondicionador de aire. Ducharse al llegar a casa para quitarse el polen de la piel y el pelo.

También debemos tener en consideración la dieta. Evitar alimentos ultra procesados, ricos en harina blanca, con alto contenido de azúcar o sal y con exceso de grasa vegetal refinada.

Otra opción terapéutica a tener en cuenta, es el uso de preparados a base de aceites esenciales con alto contenido en compuestos antioxidantes y antiinflamatorios que pueden ayudar a la resolución del evento alérgico, disminuyendo la inflamación y reforzando nuestro sistema inmune.

Y no hay que olvidar el papel que puede jugar nuestra microbiota en el desarrollo y sintomatología de las reacciones alérgicas. Cada vez hay más estudios que demuestran la conexión entre microbiota y trastornos mediados inmunológicamente ¡Si necesitas algún producto encárgarlo aquí!

PROBIÓTICOS Y SALUD INTESTINAL ¡LAS CLAVES!

En primer lugar, habría que definir qué es “salud intestinal”.

 

Nuestro aparato digestivo es muy largo y, en todo su recorrido, encontramos microorganismos que lo colonizan, en un entorno de equilibrio saludable. Esto es lo que conocemos como microbiota.

La microbiota de nuestro intestino puede llegar a pesar 2 kilos. En general, tiene una abundancia media en la boca. Es más escasa en el estómago, ya que la acidez gástrica destruye el 99% de los gérmenes. Es más abundante en intestino delgado y extremadamente abundante en el colon.

La composición de la microbiota de nuestro cuerpo es compleja pueden encontrarse más de 1000 tipos diferentes de bacterias conocidas, junto con otros microorganismos como, hongos, fagos, arqueas. La abundancia de las bacterias en la microbiota hace que, muchas veces, se hable de flora bacteriana intestinal. Y, curiosamente, sólo un tercio es común a todos los seres humanos, las otras dos terceras partes son exclusivas de cada persona. Es como un “carnet de identidad”.

En cuanto a su función, es fundamental en el mantenimiento de la salud de nuestro organismo, ya que participa en los procesos digestivos y también tienen una función barrera de protección, evitando que se instalen bacterias potencialmente patógenas para nosotros.

Las funciones de la flora intestinal son:

  • Descomposición de polisacáridos no digeribles, fibra alimentaria.
  • Absorción de vitaminas y minerales
  • Producción de enzimas y aminoácidos
  • Formación de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como ácido acético, propiónico y butírico, ricos en energía, a partir de la fibra dietética
  • Desarrollo y modulación del sistema inmunitario. Existe una comunicación bidireccional entre cerebro, intestino y microbiota.
  • Acidificar el entorno intestinal para mantener alejadas las bacterias intestinales dañinas.

Cuando la microbiota se altera, tanto en su composición como en su cantidad, da lugar a lo que se denomina disbiosis.

Una disbiosis puede estar causada por una pérdida de flora bacteriana, como es el caso del uso de antibióticos. O bien, por sobrecrecimiento de bacterias que superan los límites de normalidad y se empiezan a comportar como patógenas.

Causas frecuentes de disbiosis son, además del uso de antibióticos, dietas pobres en fibra o ricas en hidratos de carbono, trastornos digestivos que conlleven diarrea o estreñimiento prolongado, y situaciones de estrés. También influye de manera negativa en nuestra microbiota la contaminación ambiental y los pesticidas.

Existen muchas enfermedades relacionadas con la disbiosis:

  • Inflamación intestinal, que conlleva procesos de diarrea y estreñimiento, meteorismo, dolor abdominal y sensación de plenitud
  • Infecciones de repetición: otitis, rinitis, bronquitis, vulvovaginitis y cistitis.
  • Dermatitis atópica
  • Obesidad
  • Diabetes tipo 2
  • Depresión

Nuestra vida cotidiana nos impide, en muchas ocasiones, llevar un estilo de vida saludable. A todos nos gustaría poder llevar una dieta sana y equilibrada, beber la cantidad de agua necesaria, practicar deporte con regularidad y no estar sometidos a mucho estrés. Por eso es tan importante el uso de probióticos.

Los probióticos son suplementos que contienen microorganismos vivos y están destinados a mantener o mejorar nuestra microbiota.

Son imprescindibles cuando tomamos antibióticos porque estos destruyen toda la flora intestinal. Y necesarios si tomamos dietas con demasiada fibra o desequilibradas. Nos ayudan, siempre, a restablecer el equilibrio en nuestro organismo.

Si estás considerando tomar probióticos, acude a un profesional. No todos son iguales ni sirven para lo mismo.

En Farmacia La Victoria, puedes encontrar muchas opciones e incluso asociaciones de probióticos con otras moléculas que actúan de manera sinérgica, aumentando la potencia y su efecto beneficioso. Consúltanos, estamos encantados de atenderte.

Antioxidantes, ¿qué son y para qué sirven?

Los antioxidantes, un término que escuchamos con frecuencia, juegan un papel crucial en nuestra salud y bienestar. En este artículo, exploraremos qué son los antioxidantes, qué aportan a nuestro organismo y los diferentes tipos disponibles en el mercado.

 

¿Qué son los antioxidantes?

Los antioxidantes son compuestos químicos presentes en alimentos y suplementos que ayudan a proteger nuestras células contra el daño causado por los radicales libres. Los radicales libres son moléculas inestables que pueden dañar nuestras células, provocando enfermedades y acelerando el proceso de envejecimiento. Los antioxidantes trabajan contrarrestando estos efectos negativos.

Los antioxidantes tienen múltiples beneficios para la salud. Algunos de los más destacados incluyen:

  • Protección contra el envejecimiento prematuro: los radicales libres pueden dañar el colágeno de la piel, lo que resulta en arrugas y envejecimiento prematuro. Los antioxidantes, como la vitamina C y la vitamina E, ayudan a mantener la piel joven y saludable.
  • Fortalecimiento del sistema inmunológico: una dieta rica en antioxidantes puede fortalecer tu sistema inmunológico, lo que te hace menos propenso a enfermedades e infecciones.
  • Reducción del riesgo de enfermedades crónicas: investigaciones sugieren que los antioxidantes pueden reducir el riesgo de enfermedades crónicas, como enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer.
  • Mejora de la salud ocular: algunos antioxidantes, como la luteína y la zeaxantina, son esenciales para mantener una buena salud ocular y prevenir enfermedades como la degeneración macular.

 

Tipos de antioxidantes

 

Existen varios tipos de antioxidantes, cada uno con su propia función y beneficios:

  • Vitamina C: es uno de los más conocidos. Ayuda a proteger las células y tejidos del cuerpo, estimula la producción de colágeno y fortalece el sistema inmunológico. Los cítricos, fresas y kiwis son ricos en vitamina C.
  • Vitamina E: la vitamina E protege las membranas celulares y contribuye a una piel saludable. Encontramos esta vitamina en aceites vegetales, semillas y frutos secos.
  • Vitamina A: es un ingrediente muy importante para la salud ocular y la piel, que nos aportan alimentos como las espinacas y las zanahorias.
  • Selenio: es un mineral que actúa como antioxidante, protegiendo el ADN y las membranas celulares. Se encuentra en nueces, pescado y carnes magras.
  • Flavonoides: son antioxidantes que se encuentran en frutas y verduras de colores vivos, como los arándanos y las manzanas. Ayudan a combatir el daño celular y reducen el riesgo de enfermedades cardíacas.
  • Coenzima Q10: este antioxidante es esencial para la producción de energía en las células y se encuentra en alimentos como carne de res y pescado. También podemos adquirirla en forma de suplementos.

 

Recuerda que, para aprovechar al máximo los beneficios de los antioxidantes, es importante incluir una variedad de alimentos ricos en estos compuestos en tu dieta. Además, los suplementos antioxidantes de calidad pueden ser una opción si no obtienes suficientes antioxidantes a través de tu alimentación diaria.

Vitaminas en verano, ¿cuáles son las mejores?

Llega el verano y con el cambio de estación llega el cambio de dieta, rutina y horarios. Hoy te traemos una lista de vitaminas que puedes incorporar a tu rutina diaria durante el verano para satisfacer las diferentes necesidades del cuerpo.

Recomendamos que intentes ingerir todos los nutrientes beneficiosos para la salud a través de una dieta equilibrada, aunque somos conscientes de que eso no siempre es posible, porque pasamos mucho tiempo fuera de casa y vamos con prisas a todos los lados. Para ello, recomendamos complementar la dieta con suplementos vitamínicos de farmacia.

 

Vitaminas para proteger del sol

La protección solar ha llegado en otros formatos, en otro artículo entraremos más en profundidad a hablar de los protectores solares vía oral. De momento, hablaremos del resto de vitaminas que nos ayudan a protegernos del sol:

  • Vitamina A: nos ayuda regenerar la piel y mantenerla sana, por lo que es necesario asegurarnos de aportarla al cuerpo en verano, ya que son meses donde exponemos mucho la piel.
  • Vitamina Cademás de ayudarnos a evitar los daños solares, también es buena para reforzar el sistema inmunológico y para producir colágeno.
  • Vitamina Dla vitamina D nos permite absorber adecuadamente el calcio, el mineral que permite que tengamos los huesos y dientes fuertes. El sol nos aporta vitamina D, pero como siempre recomendamos que te protejas del sol, puedes aportar este nutriente esencial al cuerpo de otras formas. Además, el cuerpo igualmente sintetiza vitamina D con la exposición solar, incluso poniéndonos protector.
  • Vitamina E: esta vitamina es conocida por sus propiedades antioxidantes. También es buena para el sistema inmune e, incluso, se cree que beneficia la salud cardiovascular. Además, como las dos vitaminas anteriores, protege de los radicales libres que se generan con la exposición a los rayos solares.

 

Vitaminas para el cansancio en verano

Hay aspectos del verano que a algunas personas les provoca una sensación de cansancio. En esta temporada se puede alterar el sueño, tendemos a hacer más ejercicio físico y realizamos más actividades en general, como viajar. Esto, unido al calor y la posible deshidratación, puede provocar el sentimiento de cansancio constante. Para ello recomendamos:

  • Vitaminas del complejo B: además de aportar beneficios a la piel, vitaminas como la B1, B2, B 3, B5 o B6 son esenciales para aportar energía al cuerpo.
  • Suplementos a base de hierbas: éstos son otro apoyo del que podemos sacar energía en verano. Algunos suplementos naturales como el ginseng y la rhodiola pueden ayudarnos en la época estival.

 

Está de más recordar que abastecer el cuerpo de estas vitaminas es necesario todo el año, para ayudarnos a mantenernos sanos y a reforzar nuestras defensas. Por supuesto, todo en exceso es malo, tampoco es necesario hacer una ingesta desmesurada de vitaminas o minerales pensando que estamos haciendo bien al cuerpo.

Alergias primaverales: ¿cómo podemos prevenir sus efectos?

Llega la primavera y con ella la molesta alergia primaveral o rinitis alérgica estacional es provocada por el polen o los ácaros o el polvo que se encuentran en el aire que respiramos durante esta época del año.

Síntomas de alergia primaveral

Los síntomas de alergia son diversos y varían dependiendo de la persona, sin embargo, existen síntomas bastante comunes como:

  • Estornudos
  • Tos
  • Lagrimeo
  • Secreción nasal
  • Picor en la garganta, ojos, nariz o paladar

 

Hábitos para combatir la alergia primaveral

Hay muchas prácticas que puedes incorporar a tu rutina diaria para para minimizar los efectos de las alergias primaverales:

  • Aislarse de los alérgenos: en la medida de lo posible, es recomendable mantener puertas y ventanas cerradas y evitar mantenernos al aire libre durante mucho tiempo.
  • Mantener la hidratación: beber suficiente agua ayudará a disminuir la congestión nasal. Además, puede ayudar a calmar la irritación de la garganta provocada por los alérgenos.
  • Higiene corporal y del entorno: es recomendable ducharse por la noche para eliminar los alérgenos que podemos tener adheridos al cuerpo, así como de mantener una buena limpieza de la ropa y las sábanas lavándolas con frecuencia.
  • Alimentación saludable: es recomendable consumir alimentos antioxidantes como el brócoli, las espinacas, los puerros, los arándanos y las frambuesas, además de alejarse de comidas fritas o procesadas.

 

Remedios y tratamientos para las alergias primaverales

Además de llevar una vida saludable, hay otras prácticas para prevenir la molesta alergia primaveral:

  • Medicamentos: los antihistamínicos son grandes aliados cuando los síntomas de alergia son serios. También hay otros medicamentos descongestionantes que nos pueden ayudar. Recomendamos siempre consultarlo antes con un médico.
  • Mascarillas: podemos aprovechar lo normalizadas que están las mascarillas en nuestra sociedad para llevarlas en los días donde más nos ataca la alergia. Sin embargo, no todas las mascarillas sirven, las que pueden filtrar el polen son las FFP2.
  • Solución salina: este producto, que se puede encontrar en farmacias, sirve para limpiar los conductos nasales, arrastrando así los agentes alérgenos que se encuentran en ellos y que producen la rinitis alérgica.
  • Sprays nasal: este producto está pensado para descongestionar y desinflamar los conductos nasales.

 

No está de más recordar que, en caso de no ver mejoría o de experimentar síntomas graves de rinitis, es necesario acudir a un centro médico para llegar a un diagnóstico y solución al problema.

Primeros auxilios: ¿cómo socorrer a un herido?

Los primeros auxilios son un conjunto de medidas y actuaciones que permiten la atención inmediata de una persona accidentada, lesionada, inconsciente o súbitamente enferma, en el lugar donde ha ocurrido el incidente hasta la llegada de la asistencia médica profesional. 

Se realizan con la finalidad de evitar que las lesiones sufridas empeoren.

¿Cuáles son los objetivos de los primeros auxilios?

El objetivo principal de los primeros auxilios consiste en mantener signos vitales para evitar riesgos en la víctima.

Este objetivo puede detallarse en una serie de objetivos específicos: 

  • Mantener vivo al accidentado
  • Evitar nuevas complicaciones o lesiones
  • Aliviar el dolor y asegurarse de que el accidentado se encuentra bien mientras llega la ayuda sanitaria
  • Poner al accidentado en manos de expertos médicos lo antes posible

 

¿Cuándo se aplican los primeros auxilios?

Los primeros auxilios básicos se pueden aplicar en los siguientes casos:

  • Heridas
  • Hemorragias
  • Quemaduras
  • Fracturas, esguines y luxaciones
  • Lipotimias
  • Pérdidas transitorias de conciencia
  • Convulsiones
  • Picaduras
  • Mordeduras

 

Fases de actuación: técnica PAS (Proteger, Avisar y Socorrer)

  • Proteger el lugar del accidente: consiste en conseguir que el lugar del accidente sea un sitio seguro.
  • Avisar a los servicios de emergencia: es importante avisar a los servicios de emergencia proporcionando la información necesaria (lugar de los hechos, tipo de accidente, número de heridos y su estado). En cualquier caso, es fundamental identificarse y no colgar hasta que lo indiquen los servicios.
  • Socorrer a los accidentados: se trata de actuar rápidamente, pero con calma, teniendo en cuenta los objetivos para salvar la vida del accidentado y evitar que las lesiones empeoren.

 

Recomendaciones para prestar primeros auxilios

Para socorrer al herido es importante tomar ciertas precauciones, teniendo en cuenta algunas recomendaciones:

  • No mover al accidentado salvo si es imprescindible
  • Evaluar la seguridad de la zona
  • Evitar aglomeraciones
  • Actuar con rapidez, pero con calma
  • Tranquilizar al accidentado y mantenerlo a una temperatura adecuada
  • No dar medicamentos, bebidas o comida al herido
  • Actuar en caso de tener los conocimientos adecuados
  • Poner al accidentado en manos del servicio médico profesional lo antes posible

Artritis: hábitos para mejorar tu calidad de vida

La artritis es un proceso inflamatorio articular que provoca la inflamación de la articulación, originando un aumento de su tamaño, así como acúmulo de líquido sinovial, dolor, rigidez y gran incapacitación.

 

En la artritis, el dolor articular no desaparece en estado de reposo; de hecho, en muchos casos, el dolor aumenta con el descanso y, especialmente, con la quietud física de la noche.

¿Quieres saber cómo puedes mejorar los síntomas de esta afección? ¡Te lo contamos en este artículo!

 

¿Cuáles son los factores de riesgo de la artritis?

Existen muchos factores que pueden influir en la aparición de la artritis. Entre ellos, se encuentran los siguientes:

  • Antecedentes familiares: en la artritis existe un componente hereditario, de manera que es probable que la enfermedad se transmita entre familiares.
  • Edad: el riesgo de padecer artritis se incrementa con la edad y con el paso de los años.
  • Sexo: esta enfermedad es mucho más frecuente en mujeres que en hombres.
  • Lesiones articulares previas: con el tiempo, las personas que han sufrido lesiones articulares con anterioridad, tienen más probabilidad de sufrir artritis en dicha articulación.
  • Obesidad: las personas que sufren obesidad tienen un mayor riesgo de desarrollar artritis, ya que las articulaciones deben soportar un peso extra.
  • Tabaco: se trata de una de las causas principales, ya que las personas fumadoras tienen más riesgo de contraer artritis.

 

¿Sabes cuáles son los síntomas de la artritis?

Entre los principales síntomas de la artritis se incluyen:

  • Dolor articular
  • Inflamación
  • Enrojecimiento de la piel que se encuentra alrededor de la articulación
  • Rigidez articular
  • Dificultad para mover la articulación afectada
  • Calor en la articulación

 

¿Cómo afecta esta enfermedad a la vida diaria?

La artritis puede llegar a provocar una gran discapacidad funcional y laboral. En los casos más graves, las personas se ven obligadas a tener que abandonar sus trabajos y se ven incapaces a la hora de realizar las tareas de la vida cotidiana.

Esto puede provocar el abandono de las actividades de ocio, de manera que la enfermedad acaba afectando a la vida social de las personas.

Por este motivo, es fundamental prestar atención a los síntomas iniciales de la artritis para poder prevenir su desarrollo y evolución.

 

Consejos para mejorar la calidad de vida de las personas con artritis

  • Mantener una postura correcta durante los periodos de descanso.
  • Realizar deporte puede mejorar la limitación de movimientos que provoca la artritis. Es importante acudir a un especialista para que recomiende los ejercicios más adecuados en función de las necesidades de cada paciente.
  • Seguir una alimentación variada y equilibrada.
  • Abandonar los hábitos tabáquicos en caso de ser fumador, ya que el tabaco incrementa la gravedad de la enfermedad.
  • La actividad laboral debe ser adaptada a las limitaciones que ocasione la enfermedad. En este sentido, es fundamental tener un buen asesoramiento en cuanto a los derechos que tiene el paciente para adaptar el puesto de trabajo a sus condiciones físicas.

Por otro lado, el paciente puede adoptar una serie de medidas o cambios en el estilo de vida que le permitirán aliviar los síntomas de la enfermedad:

  • Aplicar calor o frío a la articulación.
  • Dormir bien y hacer siestas durante el día.
  • Evitar permanecer en una misma posición durante un periodo de tiempo prolongado.
  • Realizar actividades para disminuir el estrés.
  • Adaptar el hogar para que las actividades diarias sean más sencillas.
  • Bajar de peso en caso de sufrir sobrepeso u obesidad.
  • Aplicar cremas adecuadas para esta enfermedad.
  • Tomar medicamentos para disminuir el dolor, bajo supervisión médica.

La importancia vital del colágeno para la salud

La palabra ‘colágeno’ proviene del griego y significa ‘pegamento’, pues el colágeno forma un precinto en las estructuras de todos los tejidos en los que está presente, proporcionándoles resistencia y conexión.

 

¿Qué es el colágeno?

 

El colágeno es una proteína estructural que fortalece, da forma y ofrece solidez a todos los tejidos y órganos del cuerpo, especialmente aquellos en los que está presente, como: córnea, dientes, huesos, piel, tendones y vasos sanguíneos.

Las 20 familias de moléculas de colágeno que habitan en el organismo, representan el 7% aproximado de nuestra masa corporal y el 25% de nuestras proteínas totales.

Más del 90% del colágeno que hay en el cuerpo humano forma parte de sus tipos I y III, pero existen cuatro tipos principales:

  • I: aporta resistencia al estiramiento y está presente, principalmente, en dermis, huesos, tendones y córnea.
  • II: se encarga de la resistencia a la presión intermitente y lo encontramos en los cartílagos.
  • III: su trabajo es defender y conservar nuestros órganos expandibles y abunda en el tejido conjuntivo laxo, las paredes de los vasos sanguíneos, la dermis y el estroma de las glándulas.
  • IV: Permite la sujeción y filtrado de la lámina basal que subyace a los epitelios y rodea los tejidos corporales.

 

¿Para qué sirve el colágeno?

 

Las funciones vitales del colágeno en nuestro organismo, comprenden:

  • Piel: la nutre, la hidrata y la protege, reduce las líneas de expresión, contribuye a la cicatrización, reduce la flacidez y la celulitis y mitiga el acné.
  • Pelo: potencia su crecimiento y le aporta firmeza, elasticidad y brillo.
  • Uñas: favorece su crecimiento y las hace más fuertes.
  • Celulitis: impulsa la tensión y firmeza de la piel, reestructurando el tejido dérmico y subcutáneo.
  • Articulaciones: siendo el principal componente del cartílago, el colágeno es responsable de reducir la fricción entre los huesos, conservando y aumentando su masa muscular, previniendo el desgaste articular, ralentizando la pérdida de masa ósea y mejorando nuestra movilidad.
  • Dientes y encías: previene la inflamación de las encías y, con ello, enfermedades bucodentales como la periodontitis.
  • Sistema digestivo: añade aminoácidos curativos a las paredes celulares del tracto intestinal.
  • Metabolismo: propicia el crecimiento y la recuperación muscular.
  • Corazón: al dar estructura a nuestras arterias, sin suficiente colágeno éstas pueden debilitarse y estrecharse, provocando enfermedades del corazón, como la aterosclerosis.

 

¿Cuándo tomar suplementos de colágeno?

 

Nuestro organismo precisa de aminoácidos y nutrientes para que el organismo pueda sintetizar el colágeno. Sin un nivel adecuado de estos cofactores, los suplementos de colágeno no aportarán ningún beneficio al organismo. Cuando nuestro cuerpo esté en buenas condiciones y obtenga el aporte en nutrientes y aminoácidos que necesita, sintetizaremos el colágeno apropiadamente y no necesitaremos aportes extra.

Pero existen factores que pueden llevar a deficiencias de colágeno, como son:

  • Edad: conforme nos hacemos mayores, consumimos más colágeno del que producimos, lo que puede llevarnos a padecer artrosis, osteoporosis o envejecimiento dérmico.
  • Ejercicio extenuante: conlleva el deterioro articular y la alteración de las fibras de colágeno, originando enfermedades como: artrosis, tendinitis o condromalacias, entre otras.
  • Alimentación: las personas que no consumen proteínas de origen animal tienen mayor probabilidad de padecer déficit de colágeno.

En estos casos podría ser indicado el consumo de suplementos de colágeno. Pero, cualquier complemento alimenticio que añadamos a nuestra dieta, ha de ir supervisado por un médico que controle las cantidades que debemos consumir y su frecuencia de uso, teniendo en cuenta nuestro estado de salud y las posibles interacciones con otros medicamentos que estemos consumiendo.

Las personas diabéticas, con problemas gástricos, fenilcetonuria, hiperuricemia, insuficiencia renal o hepática o que tomen determinados fármacos, no deben consumir suplementos de colágeno.

Qué es y para qué sirve la vitamina C

Las vitaminas y los minerales son nutrientes esenciales, pero, en su amplia mayoría, nuestro organismo no tiene capacidad para autofabricarlos. Todas las vitaminas y minerales que el organismo no puede producir, como es el caso de la vitamina C, llegan a él a través de la alimentación  y los complejos vitamínicos.

 

¿Qué es la vitamina C?

 

Hablamos de una vitamina esencial e hidrosoluble, que nuestro organismo no puede fabricar ni almacenar por sí mismo y que se sintetiza químicamente a partir de la glucosa. La cantidad de vitamina C que el organismo necesita, la consigue de los alimentos; el sobrante lo desecha junto a la orina.

Esta vitamina puede presentarse en dos estados:

  • Reducido: ácido ascórbico o ascorbato (AA), que es transportado a nivel intracelular gracias a las proteínas transportadoras SVCTs.
  • Oxidado: ácido dehidroascórbico (DHA) que se transporta por los GLUT (transportador de la glucosa). Una vez que alcanza el nivel intracelular, sufre una reversión a su forma reducida (o ácido ascórbico) por la acción del glutatión.

El ácido L-ascórbico (AA) está considerado uno de los más potentes antioxidantes del organismo y, en el cuerpo humano, se encuentra concentrado en órganos como: bazo, cerebro, glándulas, hígado, ojos, suprarrenales y tiroideas.

Es esencial en la síntesis del colágeno, interviene en la síntesis de lípidos, proteínas, norepinefrina, serotonina, L-carnitina y en el metabolismo de tirosina, histamina y fenilalanina, tiene la capacidad de regenerar la vitamina E y nos protege de la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LDL).

 

¿Para qué sirve la vitamina C?

 

La vitamina C tiene una actividad fisiológica y metabólica fundamental para el ser humano, pues es necesaria para el crecimiento y reparación de tejidos de todas las áreas de nuestro cuerpo, incluso de nuestra piel. Sus funciones más importantes son:

  • Absorción del hierro: promueve la absorción del hierro en sangre, contribuyendo a evitar la anemia y la sensación de cansancio.
  • Antioxidante: bloquea el deterioro que producen los radicales libres (responsables de la oxidación y envejecimiento de las células) y regenera otros antioxidantes de nuestro organismo, como la vitamina E, devolviéndolos a su forma activa. Los radicales libres son responsables del proceso de envejecimiento y participan en la aparición de enfermedades del corazón, cáncer o artritis.
  • Contaminación y luz solar: tiene capacidad para absorber radiaciones UV por lo que, al estar altamente concentrado en la córnea y el humor acuoso y cristalino, protege varios tejidos oculares de estas radiaciones.
  • Formación de colágeno: es la responsable de crear la estructura sobre la que se construyen los tejidos del organismo: vasos sanguíneos, tendones, ligamentos, huesos y piel. Contribuye a la cicatrización y curación de heridas, mantiene los huesos fuertes, ayuda a mantener la piel y los dientes sanos y contribuye a que los cartílagos funcionen con normalidad.
  • Funciones cerebrales: ayuda a mantener la mente despejada, contribuye al rendimiento intelectual y a la capacidad de aprendizaje, es buena para la memoria y favorece el correcto funcionamiento del sistema nervioso.
  • Síntesis de carnitina: contribuye a la transformación de los ácidos grasos en energía, propiciando la pérdida de grasa corporal, reduciendo la fatiga e impulsando la recuperación del cuerpo tras el ejercicio físico.
  • Sistema inmunológico: acelera la respuesta de los glóbulos blancos, que ayudan a curar tejidos dañados y a combatir infecciones.

 

Alimentos con vitamina C

 

Todas las frutas y verduras, en mayor o menor medida, tienen vitamina C. Pero, de todas las vitaminas, la vitamina C es la más sensible a la temperatura y al oxígeno, por lo que, si la cocinamos o almacenamos largo tiempo, su cantidad podría disminuir.

Por orden de mayor a menor, los alimentos que contienen mayor cantidad de vitamina C son: guayaba, pimientos, perejil, papaya, kiwi, coliflor, coles, repollo, frambuesa, limón, naranja, pomelo, mango, mandarina, nabos, espinacas, espárragos, puerro, tomate, boniato, batata, melón, habas, judía verde, fruta de la pasión, guisantes verdes, calabaza, calabacín, acelgas, rábanos, piña, cebolla, cebolleta, sesos, chirimoya, mollejas, aguacate, mora, caqui, hígado, membrillo, lechuga, escarola, ajo, riñones, pepino, remolacha, manzana, plátano, alcachofa, cerezas, melocotón, albaricoque, granada, apio, pistachos, berenjena y zanahoria.

Generalmente, podemos alcanzar la cantidad diaria recomendada de vitamina C manteniendo una dieta equilibrada. Pero, de no ser posible, podemos adquirir vitamina C en la farmacia, bien en forma de complementos alimenticios o como complejos de vitamina C.

¿Cómo saber qué tipo de piel tengo?

La piel es el órgano de mayor tamaño que hay en el cuerpo humano y uno de los cinco órganos que nos conecta directamente con el exterior.

 

La importancia de conocer nuestro tipo de piel

 

Durante mucho tiempo hemos afrontado los tratamientos dermatológicos como algo puramente estético, pero hoy día comprendemos la importancia del cuidado de la piel y somos conscientes de que estamos frente a un tema de salud relevante.

Buena parte de las personas preocupadas por la salud de su piel, han probado múltiples productos dermatológicos sin encontrar uno que se adaptara a sus necesidades. Y es que el enfoque no era el correcto, la táctica no consiste en ir probando hasta encontrar algo que nos encaje medianamente bien, sino en saber a ciencia cierta cuál es nuestro tipo de piel y usar productos pensados específicamente para ella.

 

Cada tipo de piel y sus características

 

Usar productos de higiene y belleza adecuados a nuestro tipo de piel, no solo conseguirá ofrecernos los resultados esperados y lograr que luzcamos una piel sana y luminosa, sino que evitará que la asfixiemos, dando lugar a acné por oclusión del folículo, cáncer de piel, eczemas irritativos, quistes de millium o sequedad.

Básicamente, existen cinco tipos distintos de piel:

  • Normal: cuando tenemos una piel en equilibrio, ni demasiado grasa ni demasiado seca. Se caracteriza por una buena circulación sanguínea y apariencia sana, de tono rosado y fresco, un equilibrio entre grasa y humedad, textura aterciopelada y tersa, ausencia de impurezas y poros finos.
  • Grasa: es una piel con alta producción de sebo (seborrea). Se caracteriza por una apariencia brillante, sensación pegajosa, poros grandes, visibles y tapados, piel engrosada y pálida, con tendencia acneica, espinillas y menos facilidad para envejecer.
  • Seca: término para describir una piel con falta de sebo y lípidos. Se caracteriza por ser tirante, áspera y frágil, con aspecto apagado y tendencia a formar grietas o descamarse, carente de humedad y elasticidad, poros pequeños, brillo superficial y en donde las líneas de expresión se forman con facilidad, favoreciendo el envejecimiento.
  • Mixta: incluye una mezcla de tipos de piel. Se caracteriza por presentar una zona ‘T’ grasa (frente, mentón y nariz), con poros agrandados e impurezas, y mejillas normales o secas.
  • Sensible: es una piel que se irrita y se quema con facilidad. Presenta síntomas asociados al déficit de humedad, como: escamas, enrojecimiento, erupciones, hinchazón, descamación, aspereza, picor, tirantez o pinchazos.

Pero, tengamos en cuenta que la piel es un órgano vivo que cambia con el paso del tiempo, tanto por factores internos: la edad o la herencia genética, como por factores externos: las condiciones medio ambientales o nuestro estilo de vida. Estos cambios no se producen de un día para otro, ni de forma definitiva, pero nos exigen ir adecuando los productos de higiene y belleza a las necesidades de nuestra piel en cada una de sus etapas.

 

El test del tipo de piel en tu farmacia

 

El interés de las farmacias por ofrecer servicios cualificados de salud, las ha llevado a incorporar ofertas de asistencia sanitaria especializada que destacan por su eficacia y profesionalidad.

Entre los variados servicios que ofrecen, destacamos el servicio dermatológico personalizado. Un servicio en el que realizaremos un test del tipo de piel, con técnicas avanzadas y no invasivas, que arrojan, en un breve período de tiempo, información exacta sobre hidratación, grasa cutánea y capilar, elasticidad y pigmentación de nuestra piel.

Con los resultados obtenidos, los profesionales dermatológicos que trabajan en la farmacia pueden comparar variaciones genéticas, identificar problemas en la piel, o el cuero cabelludo, determinar aspectos como el factor de protección, los productos de estética y belleza que necesita nuestra piel o cuero cabelludo, o identificar la dieta adecuada a nuestro caso particular; sirviendo de referente para futuras evaluaciones y ofreciéndonos la posibilidad de adquirir, in situ, productos de higiene y belleza recomendados por especialistas y que realmente se adaptan a nuestras necesidades.

Destacar que, gracias al servicio dermatológico profesional que ofrece la farmacia, dermatólogos y farmacéuticos han podido construir una alianza con un objetivo común: la detección precoz y prevención del cáncer de piel.